Hagamos la diferencia

Tragedias que podrían evitarse

Samuel Reyes Gómez samreygo@yahoo.com

Lo sucedido el 27 de marzo en el km 159.5 de la ruta Interamericana, Nahualá, Sololá, es realmente lamentable y evidencia lo descuidados que somos los guatemaltecos en el tema vial. Un tráiler arrolló a un grupo que observaba el accidente donde murió Juan Chávez. La cantidad de personas que se aglomera para curiosear cuando hay algún muerto es grande y obstaculiza las labores de los cuerpos de socorro. Aunque en este lugar algunas personas se acercaron por solidaridad y buscando ayudar, la mayoría lo hizo por curiosidad. Es peligroso en una ruta principal obstaculizar el tránsito y provocar tragedias como esta. En el país, además, hay un descuido con las cifras; al principio se habló de 32 víctimas y luego, oficialmente, se reportaron 18, incluyendo al primer muerto. Es recomendable que quienes se acercan a ayudar lo hagan con todas las precauciones posibles, y de inmediato colocar alguna señal que alerte a quienes conducen sobre las rutas. Por naturaleza tendemos a reaccionar impulsivamente, debemos analizar bien las situaciones antes de actuar. Lo que sí debe tenerse claro es que colocarse en el medio de una carretera es prácticamente una invitación a la muerte.

Nos condolemos con las familias de los fallecidos en ese lugar, pero también con el piloto del camión. Ahora él está preso y deberá pagar la pena del homicidio culposo ocurrido, pero al ponernos en su lugar, no sé qué nos hubiera pasado en una situación similar. Encontrar en la calle un grupo de personas y tratar de frenar un camión cargado, con malas señalizaciones y escasa visibilidad, realmente es difícil.

En Guatemala, la obstaculización de las carreteras es algo de todos los días. El siguiente fin de semana fui a mi pueblo, El Chol, Baja Verapaz, y en el camino, en dos lugares distintos, encontré grupos de personas que caminaban a media calle, sin inmutarse por los pocos vehículos que por allí circulábamos, como decía una amiga: “se creen inmortales”. Inmediatamente pensé: “¿Qué hubiera ocurrido si yo hubiera venido a mayor velocidad? ¿Y si los frenos no hubieran funcionado?

También en la ciudad pasa lo mismo, al ocurrir un accidente, la gente que se acerca a curiosear es enorme, y los que pasan con sus vehículos, muchas veces se detienen a observar, provocando congestionamientos de tránsito. En las noches, a horas ya tardías, después de las veinte horas, en la ciudad ha estado ocurriendo un fenómeno al que la Policía de Tránsito debiera ponerle atención. En algunas avenidas importantes, las camionetas, en ciertas paradas, en especial frente a los centros comerciales, se detienen a esperar pasaje durante varios minutos, obstaculizando el tránsito, y los brochas —ayudantes improvisados de los choferes que buscan pasajeros— se atraviesan frente a los vehículos para jalar personas. Citaré el caso de la calzada San Juan, en donde los buses que van hacia la salida de la ciudad se detienen frente a centros comerciales como Galerías Primma, Miraflores, Cemaco, etc. a esperar pasaje, compitiendo entre varias camionetas. Se colocan en doble y hasta triple carril, tapando completamente el tránsito y provocando largas filas de vehículos. Los brochas se colocan como escudos humanos y en una forma impertinente detienen los automóviles, exponiéndose a ser arrollados, pero en un total irrespeto a los pilotos que conducen vehículos en el área. Un horario que debería ser tranquilo en cuanto a flujo vehicular se está volviendo intransitable, por la negligencia de estos pilotos. Las tragedias viales pueden evitarse, si se educa a la población y a los pilotos para que no realicen actos en donde exponen sus vidas.