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Transporte: ¿subsidio o alza en la tarifa?

Ahora se dio luz verde para que el transporte urbano y extraurbano vuelvan a circular, pero con restricciones de capacidad de pasajeros y medidas de bioseguridad, por lo que se incrementan los costos. Al dividir los costos totales entre el número de pasajeros, es obvio que el costo por pasajero, cuando solo puedes llevar la mitad de ellos, se duplica.

El Gobierno forzó a que el transporte urbano y extraurbano no circulara. Esto causó costos a este sector que deberán recuperar tarde o temprano. También causó costos a las empresas que debían movilizar a su personal, ya que tuvieron que contratar buses que los llevaran de su casa al trabajo, en horarios restringidos, con distanciamiento (50% de la capacidad de los buses) y medidas de bioseguridad. Los transportistas necesitan trabajar ya y la gente necesita movilizarse. Para hacerlo con las nuevas condiciones los transportistas deben incrementar su tarifa, una que no ha cambiado en los últimos diez años por motivos políticos. Otra solución que piden los transportistas es que el gobierno les subsidie.

Los subsidios han sido propuestos porque se quiere evitar que la tarifa del transporte urbano y extraurbano se incremente. Esto es una medida populista y política que tiene graves consecuencias económicas no intencionadas. El subsidio es recibido por un pequeño grupo de personas (los usuarios del transporte urbano y extraurbano) pero lo pagamos todos los habitantes del país. Por eso, económicamente hablando, los subsidios son una injusta transferencia de riqueza de todos, pero particularmente los más pobres que no reciben el subsidio para que un grupo reducido (en comparación con la totalidad de la población) pueda recibirlo. Los más pobres del interior del país tendrán que esperar más por aquellas oportunidades de mejora de vida debido al desvío de los escasos recursos a favor de unos pocos. ¿Por qué el habitante de Huehuetenango tiene que pagar de una manera o de otra el subsidio del usuario de transporte urbano de la capital?

El precio artificialmente más bajo del transporte subsidiado en realidad hace que la cantidad demandada de usuarios se incremente. El usuario no se da cuenta del verdadero precio de la tarifa y por eso más gente querrá movilizarse en ese transporte subsidiado. Esto incluso es contrario al distanciamiento y a que la “gente se quede en casa” si no tiene necesidad de salir. Al permitir que la tarifa sea la real del mercado, dadas las nuevas restricciones, los usuarios reducirían el uso de este o buscarían otras alternativas.

La situación financiera del Gobierno es muy mala a pesar del incremento de deuda externa y también la inflacionaria por parte del Banco de Guatemala. Es mala porque los ingresos fiscales también están cayendo dramáticamente por el deterioro de la economía. Los fondos que tiene los debe priorizar para seguridad y justicia, que tanta falta nos hacen en el país. Y al final, no nos engañemos, no hay almuerzo gratis, todo lo que el Gobierno gasta sale de nuestros bolsillos y lo tendremos que pagar de una u otra forma.

El problema del transporte se soluciona liberándolo de tantas restricciones que tiene, permisos, licencias y permitiendo más competencia del tipo que sea y dejando que cada uno cobre la tarifa de mercado. Taxis, Uber, microbuses, buses, carros, motos, bicicletas y otros tipos de transporte que las empresas proporcionen competirán entre sí. Así, la tarifa libre y competitiva llegará a un punto en que sea la que permita equiparar la cantidad demandada con la cantidad ofrecida. Y eso debe salir de los bolsillos de los usuarios, no de toda la población.