Catalejo

Ucrania: la naturaleza afecta planes militares

Mario Antonio Sandoval

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En el mundo actual, las teorías sobre la manera de hacer la guerra deben ser revisadas. Algunas, mantenidas desde hace docenas de siglos, son ahora distintas en el cómo deben pelearse. Hoy en día, la superioridad militar y tecnológica no garantiza la victoria, como lo comprobó Estados Unidos en Vietnam y después en Afganistán, donde también antes la Unión Soviética debió retirarse derrotada después de enfrentarse de 1978 a 1992. Entraron en juego factores como la lucha de quienes querían salvar su país, así como el convencimiento de los combatientes o los criterios religiosos. Ya no fueron guerras convencionales, e independientemente de los criterios de juzgamiento, es evidente la imposibilidad para dichas potencias de obtener una victoria.

La naturaleza jugó un papel cuya importancia fue fundamental. Ejércitos provenientes de otro tipo de sociedades, la estadounidense y la soviética, debieron enfrentarse ya sea a la selva y sus alimañas, las trampas con púas envenenadas escondidas entre el follaje o a un terreno de calor abrasador, sin árboles ni agua. Claro, este es solo un resumen para recordar dónde se pelearon esas guerras. Ahora, la temida pero cada vez más posible confrontación entre Rusia y Ucrania obligará a sus ciudadanos a pelear por la supervivencia de su patria, sabedores de las terribles consecuencias si son derrotados. Por eso buscan el apoyo militar de Occidente y la motivación, defender su país, es más sólida que la de quienes se dan cuenta de la fuerza militar invasora, a pesar de la propaganda oficial.

El clima, entonces, como ha sido a lo largo de los siglos, muchas veces es el gran jefe. En esta época, Rusia y Ucrania comparten un invierno siempre terrible, con efectos de neblinas, y posteriormente de lodazales producidos por el deshielo cercano a la primavera. Toda guerra de ocupación necesita de infantería por el insustituible factor humano, el cual sufre más los efectos. La Historia no se puede cambiar: ese hielo, esa nieve, esos lodazales acabaron con Napoleón y con Hitler, porque jugaban a favor de los soviéticos, pero hoy, al ser Rusia el invasor, será irónicamente un factor contra Putin, y una ayuda para Ucrania por darle tiempo a afianzar una unión en su ayuda de Occidente.

Los presagios son negros. Aumentan las tropas rusas en la frontera y aviones de guerra maniobran muy cerca. Otra realidad distinta hoy es el factor económico. Putin puede cerrar el paso al gas natural vendido a Europa, pero eso sería un disparo en el pie, porque el 30% de los ingresos rusos provienen de ese negocio. Sabe, eso sí, la amplitud de la crisis: no es solo Ucrania, sino el enfrentamiento con la OTAN y Europa Occidental. Un factor nuevo es la opinión pública, informada por los medios electrónicos instantáneos. El pueblo ruso tiene enorme capacidad de resistencia, pero aunque sea poco, avanza y recibe informaciones no originadas en el Kremlin. Rechaza una guerra abierta, de largo plazo: le tocará poner los muertos. ¿Algo de occidentalización?

Hay otros actores. China, que ya despertó y tiene enorme poderío económico, en parte por la miopía de Occidente, absorto en hacer negocios y comprar más barato, sin analizar los efectos. Su actual acercamiento con Rusia no es de granito, pero tiene influencia económica en muchos países. No mide el tiempo en meses o años, sino en siglos, y actúa astutamente en América Latina, pues analiza, tiene paciencia y un peso muy grande en la Historia. Hoy representa un capitalismo estatal sin libertades y un socialismo comunista en lo político. Por último, una derrota militar o que derive en atasco puede causar en la cúpula de mando y en lo popular un afianzamiento de los poco conocidos ejemplos de rechazo del liderazgo de Putin.