Catalejo

Un muy simple análisis sobre doña Consuelo

Mario Antonio Sandoval

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A causa de haber sido agregada a la lista estadounidense de políticos centroamericanos non gratos, doña Consuelo Porras ha sido y será objeto de toda clase de mensajes por analistas de la prensa escrita y también por redes sociales. Estarán muy ocupados quienes reciben dinero por mandar textos falsos en favor del gobierno. Para su preocupación, el martes salió publicada en La Hora la lista de los 24 miembros de ese grupo y entonces se derrumba la teoría de ser una acción con dedicatoria desde Washington. Por decir lo mínimo, la integran otros 22 personajes impresentables de la vida nacional, casi todos conocidos por sus actuaciones inmorales y/o ilegales vinculadas sobre todo con la corrupción, tema causante de irritación en la Casa Blanca.

Desde el principio salieron a luz las sospechas sobre la verdadera misión de doña Consuelo: deshacer los pocos logros de las investigaciones anticorrupción a través de cambio de fiscales en el Ministerio Público, sustituidos por personajes de inexistente transparencia. Debe reconocérsele su capacidad de hablar de manera abrumadora, rebosante de tecnicismos legales para impedir la comprensión de los ciudadanos. Derivaron de la presencia de infiltrados en la Corte de Constitucionalidad, la Corte Suprema, el Tribunal Supremo Electoral, todos obedientes a Giammattei, como parte de la cooptación de los poderes del Estado y de la destitución de personas no dispuestas a consentir la anulación de las investigaciones peligrosas para los principales burócratas del país.

Los guatemaltecos tienen poca memoria. Por eso, pocos recuerdan la acción fundamental de doña Consuelo, exintegrante de la CC, en la llegada a la presidencia de un terco e inepto aspirante. La estrategia fue astuta: permitir la participación de Sandra Torres para de esa manera provocar el voto de “cualquiera menos ella” y así beneficiar la victoria de Giammattei en unas elecciones donde no participó la mitad de la población. Al haber tenido éxito, se ha preparado la repetición de la maniobra, al permitir de nuevo la participación de Torres para crear esa misma motivación de voto y hacer presidenta a Zury Ríos, señalada de haber contratado para mejorar su imagen en Estados Unidos a Robert Stryk, famoso y caro exasesor de los republicanos y Trump.

El también impresentable Jimmy Morales participó en esta farsa, al lograr su ingreso al inútil Parlacén gracias a la acción de Nadia Lorena de León Torres, casualmente hija de Sandra Torres. Eso destapó la mentira electoral de Giammattei en cuanto a sacar a Guatemala de esa institución buena para nada. Solo falta la acción de la Corte de Constitucionalidad, cuyo presidente fue candidato vicepresidencial de Zury Ríos, y esto explica por qué la representante presidencial en el “Charlacén” (pues allí solo se habla) sea una abogada de desconocida capacidad pero cercana a Giammattei por haber sido secretaria presidencial. Si se agrega el pacto de corruptos en el Congreso, por el cual lo preside el también impresentable Allan Rodríguez, las piezas encajan con exactitud.

Existe una explicación de por qué doña Consuelo se aferra al puesto contra viento y marea: pactó con el diablo (dicho, claro, en sentido figurado) y ahora ya no puede hacer nada, aun en el lejano caso de desear hacer algo. Por aparte, la constante violación a los principios democráticos y a la certeza jurídica provoca las sospechas de inversionistas internacionales y locales para invertir en Guatemala. En los últimos días, otra preocupación se agrega a los problemas de la aún presidenta del MP: la Universidad Mariano Gálvez declaró no tener registros de la “tesis doctoral” de la funcionaria, en relación a un señalamiento de plagio, y sus asesores no recuerdan quién la autorizó. Pronto será una pieza sacrificada y por eso la renuncia es su única opción, pero no lo hará.