Catalejo

Una noticia muy buena; la otra, muy preocupante

Mario Antonio Sandoval

Hoy hay motivo para dos acciones: una, muy buena, felicitar al gobierno por la decisión de nombrar al doctor Edwin Asturias, médico guatemalteco residente desde hace varios años en Estados Unidos, donde se ha convertido en una autoridad ampliamente reconocida por sus diversos e importantes trabajos en el campo de la epidemiología: se le debe agradecer haber aceptado el puesto de titular de la Comisión Nacional contra el Coronavirus, a fin de coordinar lo realizado por los sectores público y privado para trabajar en conjunto para ejecutar el plan estratégico a fin de combatir la pandemia. Su idea, sin duda, es contribuir con su ciencia al país donde se hizo médico.

El doctor Asturias ha desarrollado mucho trabajo en Guatemala, como fundador del Centro Nacional de Epidemiología y de la Comisión Nacional de Inmunizaciones. Trabajó en la Universidad Johns Hopkins y en la Escuela de Salud Pública de Colorado, entre otros. Tiene decenas de publicaciones científicas internacionales de medicina y se ha interesado en la atención infantil. Sus trabajos han servido para elaborar programas de prevención y erradicación de enfermedades en América Latina, y ha diseñado programas de inmunización. Participa constantemente en foros y congresos de organismos internacionales. Este breve resumen trata de señalar su calidad profesional y humana, por lo cual tiene todo el derecho a ser escuchado cuando trabaje en esa nueva tarea.

Debido a su experiencia en el campo guatemalteco, no es necesario recordarle de la imposibilidad de aplicar este combate tomando en cuenta sólo los criterios científicos. La supervivencia en un país donde el 70% o más de los ciudadanos viven en la economía informal, es un factor muy determinante. Debe prepararse, eso sí, a luchar contra los egos, los compadrazgos, los favores políticos y a ponerse muy firme en este tema. Será otra forma valiosa de servir a Guatemala. Debe también saber aprovechar la fuerza de sus criterios, y afianzar sus críticas hechas por redes sociales a la manera cómo el gobierno ha trabajado. Tiene a su disposición el apoyo de los medios informativos serios nacionales y para esto debe informar de sus actividades, decisiones y sugerencias.

La segunda acción es solicitar directamente al presidente Giammattei de poner el mayor empeño para hacer llegar de inmediato, y luego de reducir al mínimo los trámites burocráticos, dejando sólo los indispensables, para enviar y asegurar la recepción sin corrupción (venta de las bolsas, por ejemplo). No son aceptables las declaraciones gubernativas según las cuales las raciones ´podrían llegar´ en junio, es decir: talvez no llegarán y cuando lo hagan puede ser el último día del mes próximo. Se habla de la llegada de la comida “en cinco o seis semanas” luego de firmar el convenio con el Programa Mundial de Alimentos. Una semana después, el Ministerio de Agricultura comenzará la entrega y se los darán a las municipalidades, luego de decidir dónde se entregarán los primeros.

Esto es el colmo. La gente no tiene trabajo, no puede obtener comida, está prohibido circular, y la entrega se realizará a velocidad de tortuga. La misma Unicef peca de no presionar para la reducción del tiempo. Es una vergüenza. Las barriguitas vacías no entienden razones burocráticas. Cuando había condiciones “normales”, (!!!) es decir sin pandemia, los cuadros de niños famélicos ya eran desgarradores. Para más tragedia, zonas como el Corredor Seco de Oriente no existen para la mayoría del país, en especial para los capitalinos y los habitantes del altiplano occidental. Allí no llega casi nadie, salvo quienes viven en la zona. Termino diciendo: los dos temas desarrollados en este artículo tienen una importancia mucho mayor a la aparente.