Catalejo

Una nueva estocada al estado de Derecho

Mario Antonio Sandoval

Consuelo Porras dio otra estocada al moribundo estado de Derecho. Es burla sangrienta solicitar un masivo antejuicio contra 94 diputados, 13 magistrados suplentes de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) y 6 de la Corte de Constitucionalidad (CC). Lo es porque la CSJ decide el antejuicio de los magistrados de la CC y de los diputados, mientras el Congreso se encarga del presentado contra los magistrados de la CSJ. Es acción engañosa, similar a haber inhabilitado a Sandra Torres para ser candidata, al día siguiente de ser declarada, gracias al vergonzoso Tribunal Supremo Electoral, autor de la devolución a ella del “partido” UNE. Solo prosperará el antejuicio contra los magistrados de la CC. Alguien presentará un amparo a favor de ellos y se vuelve a como estamos ahora. Humor negro.

Dicha maniobra fue pensada como un hábil artificio, pero es una vulgar güisachada en su máxima expresión, por lo que desde pocas horas después del anuncio comenzaron las críticas. Es increíble y descorazonador cómo el pacto de corruptos, encabezado de hecho por Alejandro Giammattei y con una pandilla de diputados impresentables, está convencido de la incapacidad mental generalizada de los guatemaltecos. La intentona de terminar con la institucionalidad coloca a Guatemala ya formalmente frente a las puertas abiertas de una dictadura del cinismo más abyecto, vil en extremo. La discusión entre ambas Cortes, en la práctica, elimina cualquier andamiaje legal, y convierte a la justicia en un bazar donde el dinero es el factor de decisión.

Normalmente, la CSJ debería tener supremacía sobre la CC, pero esto se perdió desde el principio de la vida de esta Corte. Hoy, la realidad se impone: la actual Suprema carece de legitimidad por la forma de haber sido electos sus integrantes. Por su parte, en su historia la CC ha tenido fallos vergonzantes (permitir la participación de Ríos Montt, pese a la prohibición legal). La interpretación constitucional depende de los intereses de quienes llevaron a los magistrados y por ello ha cambiado de manera incomprensible para la ciudadanía. Por interpretaciones antojadizas, se volvió una súper corte a la cual se puede consultar todo de todos los temas. Lo peor han sido las güizachadas para atrasar juicios y lograr aberrantes fallos de cualquier índole.

A pesar de ello, en este caso la resolución de la CC debe ser acatada, porque apoyar a la CSJ y exigir el cumplimiento de sus órdenes tiene como único resultado acabar con algunas entidades aún útiles. Esto, por motivos ideológicos, por hacer a un lado a personajes molestos para los corruptos y sus adláteres, ya sea por convicción, intereses, candidez y tontería útil. Quien apoya en este momento a la Suprema cae en una o varias de estas categorías, y entonces debe admitir estar en el lado de quienes desean acabar con el estado de Derecho, como paso previo a la ya mencionada dictadura. El actual Congreso es el peor de la Historia, y sus integrantes, con un par de excepciones, están allí para enriquecerse o pasar el tiempo y levantar la mano según les ordenen.

Giammattei sigue con su colección de absurdos y contradicciones. Al empezar la pandemia aseguró no poder dormir tranquilo “si no cuidaba la salud de la población”. Hoy simplemente se hace a un lado y le da a cada ciudadano la responsabilidad de cuidarse, porque va “a dedicarse a gobernar”. Los tres poderes del Estado son barcos apolillados conducidos por los tres chiflados convertidos en capitanes. El Ministerio Público, hasta ahora alejado, se lanzó malintencionadamente al ruedo para salir, según su jefa, en caballo blanco. Por aparte, el narcotráfico avanza sin parar, como lo prueban los jets caídos como moscardones en la selva petenera. Esta gente ruega por la victoria de Trump, quien ahora tiene motivo para no apretar la soga donde ahorcará a los guatemaltecos corruptos.