Catalejo

Urge el convencimiento de los votantes jóvenes

Mario Antonio Sandoval

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Una revisión superficial del comportamiento político de las actuales generaciones muestra el desinterés, no solo la inmadurez a causa de la amarga realidad de la aquí llamada política. Entre sus causas es que poco a poco se han ido dando cuenta del drama significado por la falta de partidos y la presencia de “partidos” —por llamarlos de alguna manera—, así como de liderazgo, de programas y de planes para mejorar al país o un municipio. Al Congreso se llega gracias a una lista, pero, sobre todo, a través del cinismo más puro. Bien informados, los jóvenes guatemaltecos podrán decidir si no participan en ese circo, si lo hacen a sabiendas de actuar de espaldas a la historia, como ha sido el caso en Guatemala, o si se enfrentan, sin mayor convicción, a los corruptos para expulsarlos del poder, lo cual deja pocas posibilidades de éxito.

Por infortunio, muchos de los nuevos cuadros políticos han repetido el programa de sus antecesores. Algo parecido ocurre con la participación femenina, pues al haberse plegado en una abrumadora mayoría a las ilegales e inmorales acciones de la política local, no han hecho mucho por afianzar la participación de las mujeres que buscan un cambio verdadero. Por el contrario, complican más la necesidad de darles altos puestos por su capacidad profesional y solvencia personal. Quien se adhiere no debe pedir prebendas legales por edad, cuestiones de género u orientación sexual. Todos pueden ser igual de malos e inconvenientes para el país y sus habitantes, aunque no son todos los casos, y ahora ha aumentado el interés por estudiar la política como ciencia y no como fuente de vertiginosa riqueza ilícita.

A causa de la politiquería y sus parientes cercanos, la corrupción, la incapacidad, el compadrazgo y el descaro, combinados con la información instantánea gracias a los medios informativos independientes, estos provocan el repudio hacia los señalados, quienes califican de falsos los comentarios y las noticias, y atacan a la población. Como la corrupción puede incluir, además, robar las elecciones e impedir la participación de candidatos de criterios opuestos, parece imposible ganar esa lucha, pero sí se puede con solo convencer de participar al sector más numeroso de la población, los ciudadanos cuyas edades se encuentran entre 18 y 40 años, sin descuidar, por supuesto, a los situados en otros segmentos.

La próxima contienda electoral será, en realidad, una guerra, ojalá no manchada con la sangre de nadie. Estará en juego la supervivencia de la república y para ello es preciso estudiar las tendencias políticas y sus derivaciones sociales, económicas y educativas, entre otros aspectos, para descubrir posibles áreas de terreno en común. Para ello es necesario pedir a los fanáticos y simplistas hacerse a un lado y buscar la adhesión de nuevas figuras, sin la carga de un pasado. Una obvia condición es limpiar la mesa, para de esa manera interesar a los recién llegados, lo cual incluye, sin remedio, la desaparición legal de los micropartidos y sus superincapaces propietarios, y de figuras partidistas “ya quemadas” e inconvenientes para el presente y el futuro de Guatemala.

Esta unidad ciudadana requiere, sin la menor duda, de la participación voluntaria de nuevas figuras, por ello no manchadas. La elección será a mediados del 2023, pero desde ya debe iniciar la preparación de un nuevo partido, uno con nombres institucionales, no solo palabras que suenen bien, sin consistencia política. En nuestra sociedad hay entidades capaces de ayudar a redactar los valores filosóficos, éticos, morales, jurídicos y políticos. Hay poco tiempo: la convocatoria a las elecciones será a finales de este año y por eso en la práctica le quedarán pocos meses. En 1944 fueron los jóvenes los principales protagonistas y por tal razón no hay motivo alguno para dudar de la repetición de un acto similar, sobre todo a causa del intercambio que favorece la tecnología. El camino comienza por convencerlos e instarlos a participar, para no perder a Guatemala.