Pluma invitada

¿Votantes o sujetos políticos?

Otra vez a escuchar promesas falsas, ver sonrisas fingidas, bondades que no convencen. Como dice un anuncio comercial, “a cuidarnos el hígado”. Esta vez la campaña electoral es de solo tres meses y eso reduce el bombardeo y también la emoción tan efímera de sentirnos ciudadanos y ciudadanas responsables, solo porque ese día, el del voto, nos llenamos el pecho de orgullo ciudadano, de responsabilidad con el país. Y ese breve tiempo que dedicamos para emitir el sufragio termina siendo nuestra principal aportación a la sociedad en la que vivimos. El orgullo y la satisfacción del “deber cumplido” (reducido a emitir el voto) llenan el espacio cívico para los próximos años. Cada cuatro años, o una hora —más o menos—, nos sentimos ciudadanos.

Está bien que aprovechemos este tiempo para ejercer una presión sana y educativa hacia nuestras jóvenes generaciones en función de que puedan comprender lo que ocurre en el sistema político. Está bien que podamos generar discusiones y diálogos profundos sobre visiones, intenciones y modos de ejercer la política que vamos a presenciar en estos meses de campaña. Y está bien que nos metamos al análisis y comprensión de todo ello para poder contribuir a cambiar la realidad que vivimos.

Pero no está bien que abandonemos la oportunidad del año electoral para profundizar la necesidad del aprendizaje político en nuestros jóvenes. Es necesario y sumamente urgente, porque autoridades como las que están terminando nos lo demuestran, que las jóvenes generaciones asuman su papel protagónico para transformar el tipo de sociedad que tenemos. Eso solo pueden hacerlo si su aprendizaje como sujetos políticos los lleva al compromiso, a la presión, al ejercicio de movilizaciones y demandas, a la organización sistemática y estratégica, al uso de estructuras jurídicas, nacionales e internacionales, para lograr plenamente sus derechos. Todo ello no se reduce o acaba en el proceso electoral, ni siquiera se reduce a la participación en partidos políticos, de los cuales la mayoría es un club de amigos, o un grupo de arrimados para estas fechas electorales.

Necesitamos comprender que el voto es lo más mínimo de lo que podemos hacer por nuestra sociedad. Organizarnos de manera permanente, crear alianzas y articulaciones entre organizaciones, grupos, entidades, pueblos y culturas, para construir presión, desarrollar propuestas y alcanzar un poder real en la toma de decisión también es ejercicio político.

El votante acaba su aporte en el acto de marcar su papeleta. Y de ahí en adelante son otros los que verdaderamente conducen los hilos de su vida. El sujeto político, aunque también vota, antes y después de ese acto, está comprometido con el cambio. Está emocionado con el anhelo de una sociedad diferente. Se indigna ante la actuación de esos sujetos que en el Congreso o en el Ejecutivo, gracias a los votos acríticos, se pavonean mientras llevan al país a la ruina, como nos han ejemplificado con alta eficiencia los gobernantes actuales. El sujeto político siempre está en búsqueda, porque no se desinteresa. Se organiza de otro modo, actúa de otra manera. Es diferente su lucha, porque, para empezar y terminar, la realidad no le es indiferente.