Catalejo

Comienza reducción de los candidatos

Mario Antonio Sandoval

Hasta hace pocos días, numerosos ciudadanos guatemaltecos tenían la idea de participar este año en las elecciones con más cantidad de aspirantes en la historia política nacional. Pero como este país se caracteriza por las sorpresas súbitas y extrañas, a pesar de los plazos vencidos y las inscripciones de candidatos, aun posibles de realizarse en las próximas semanas, ha comenzado un proceso de reducción de este número, hecho en sí muy beneficioso para la campaña proselitista en general y para la tranquilidad de los votantes. A esto se agregan los cambios de la Ley Electoral y de Partidos Políticos, sobre todo en el tema del financiamiento electoral y la propaganda partidista, lo cual abre una serie de interrogantes acerca del número de candidatos y de sus reales posibilidades.

La semana comenzó con el anuncio del Ministerio Público, dispuesto a investigar a ocho de los partidos deseosos de participar en la contienda. El martes, algunos de los aspirantes a la presidencia se tomaron fotografías muy sonrientes, mientras sostenían en sus manos la autorización de participar entregada por el Tribunal Supremo Electoral. El miércoles, el Ministerio Público solicitó el antejuicio contra la aspirante Sandra Torres Casanova, de la UNE, lo cual, de prosperar, la sacaría del ring político, posibilidad sin duda considerada por ella, como puede notarse en su expresión en las fotos publicadas en la prensa. Es una sonrisa nerviosa, con evidente inseguridad. Por la tarde perdió los estribos al lanzar diatribas verbales contra Thelma Aldana, quien a su vez busca afanosamente un partido protector.

Al analizar con frialdad serena quiénes son los aspirantes en este momento, se puede notar claramente la imposibilidad de estar entre ellos el próximo gobernante del país. Mario Estrada y Alejandro Giammattei participarán por cuarta vez, mientras Zury Ríos no tiene posibilidades reales, pues su participación depende de sortear los valladares jurídicos, lo cual pudo haberse esclarecido cuando la Corte de Constitucionalidad integrada por su actual candidato a la vicepresidencia se hubiera pronunciado de forma categórica. Mauricio Radford también pende de la cuerda floja. Del resto de aspirantes no es ahora el momento de hablar porque, con un par de excepciones, tienen el problema de haber participado de alguna manera en financiamientos oscuros o en acciones acostumbradas en los procesos electorales anteriores, pero situadas al margen de la ley.

Un caso digno de mención es el pintoresco personaje llamado Estuardo Galdámez, dedicado a tiempo completo a actuar y hablar de manera causante de pena ajena, por decir lo mínimo. Si no hay motivo para detener su participación, de todos modos sus posibilidades son mínimas porque tendría la mala sombra de ser el candidato oficial. Históricamente, se comprueba: Alfonso Cabrera, 1990, 3er lugar; Efraín Ríos Montt, 2003, tercero; Alejandro Giammattei, 2007, tercero; y 2011, cuarto; Mario David García, 2015, sexto. Las investigaciones iniciadas por la Comisión Internacional Contra la Impunidad y el Ministerio Público, al ser continuadas en estos momentos, son una de las razones de la beneficiosa reducción de aspirantes a la presidencia de Guatemala.

Evidentemente, la suerte aún no está echada y puede haber más sorpresas. Como sea, es importante hacer notar cómo las instituciones pueden funcionar si se tiene la voluntad política de permitirles hacerlo. Pero es igualmente necesario señalar un problema adicional: la participación de gente como el actual gobernante, conocido por los votantes de los mayoritarios estratos populares, pero no por eso capaces ni mucho menos experimentados o con buenas intenciones. Una tragedia aún mayor sería la disyuntiva de votar no solo por el menos malo, o menos peor, como se dice popularmente. Ello haría disminuir el porcentaje de votantes en números aún mayores a los tradicionales, por lo cual los presidentes han sido electos por la mayoría de una minoría.