EDITORIAL

Creatividad liberadora

El estreno mundial de la Sinfonía del Tercer Mundo del maestro Joaquín Orellana, efectuado el jueves último en el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, fue un emblemático homenaje al aporte artístico de este perseverante y original músico guatemalteco, que ha enfrentado la adversidad y el escepticismo con más creatividad.

Fuertemente simbólico fue el momento en que una persona del público allegada al actual gobierno interrumpió con un reclamo el discurso de uno los patrocinadores de este concierto, acción que recibió unánime recriminación en redes sociales porque de alguna manera este suceso le dio un metafórico contraste entre la elocuente expresión de la obra y los lastres estructurales burocráticos que han mantenido a la deriva los indicadores de desarrollo humano, de los cuales el arte apenas plantea una visión distinta.

Por otra parte, el jueves último, otro artista visual de sólida trayectoria, Rudy Cotton, recibió por parte del gobierno de Francia, la Orden de las Artes y Letras en grado de oficial, por su amplia trayectoria como creador visual y promotor de la cultura. De orígenes humildes y nacido en San Marcos, Cotton es un pintor que reinventa sus temáticas con base en los grandes dramas históricos del país mediante un lenguaje siempre vanguardista.

El cineasta guatemalteco Julio Hernández Cordón fue seleccionado, por su más reciente película, Cómprame un revólver, dentro de las nominadas a los premios Fénix del cine Iberoamericano, otorgados en España, lo cual ya de por sí es una alta distinción porque se trata de un escrutinio exigente entre decenas de producciones de todo el continente, en las que Guatemala apenas empieza a incursionar.

Finaliza el mes de septiembre, el mes patrio con estas tres excelentes noticias: hechos creativos que honran a la nación con el fruto de perseverantes esfuerzos creativos que han vencido barreras y superado lastres como la falta de recursos o el poco énfasis que ponen las autoridades en apoyar las escuelas nacionales de arte, que sobreviven entre la falta de presupuesto y las deficiencias en sus instalaciones, en una auténtica lucha diaria de quijotes que lejos de encontrar eco a sus enormes aportes pueden encontrar a su vez muestras de intolerancia.

Si algo brindan los artistas a Guatemala, además de la elocuencia de sus obras es la noción de que otra realidad es posible, otras soluciones se pueden emprender, nuevos universos de ideas se encuentran latentes, siempre y cuando se tenga la debida capacidad de razonamiento crítico, la necesaria formación intelectual para contar con elementos de juicio y la elemental apertura al diálogo que constituyen una vacuna contra males como la intransigencia, las falacias y los discursos que socavan subrepticiamente el estado de Derecho y las más legítimas garantías hasta de las democracias más elementales.

Las distintas expresiones del arte abren la puerta al último resquicio de libertad, pero también elevan el orgullo nacional al plantear otras visiones sobre una realidad que la historia oficial pretende distorsionar.

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