PRESTO NON TROPPO

Democracia Sonora – ¿Democracia? ¿Sonora?

Uno de los compactos más interesantes que se han producido en nuestro país salió publicado hace justamente 15 años. Democracia Sonora. Otro aniversario redondo, digno de evocar en la convulsa República de Guatemala, aun cuando su lanzamiento haya pasado desapercibido para muchos y muchas. Era el año 2002, a mediados de una pésima administración pública (que, increíblemente, se ha visto superada por los gobiernos siguientes).

El CD propone diez cortes musicales. Con el apoyo financiero del entonces existente Banco del Café, por medio de su proyecto “Jóvenes Creadores”, y con el impulso de Pérez Pérez… Democracia Sonora vio la luz y se convirtió en un referente de lo que hacían diez artistas activos en ese tiempo: música electrónica basada en la prosodia de sonidos callejeros, tales cuales los gritos de vendedores, merolicos, limosneros y mercaderes ambulantes de variada suerte. El resultado es sorprendente. A partir de la obra de figuras ya acreditadas en aquel momento, como Francis Dávila, Básico 3 y Renato Maselli, hasta piezas sui géneris, tal como Antojitos de Gabriel Quezada, que incluso llegaron a convertirse en tonos de teléfonos celulares y, por qué no decirlo, de potenciales éxitos de radio que pocos se preocuparon en difundir, quizá por el simple miedo a la “voz humana que esconde los sentimientos colectivos de un pueblo”, al decir de los propios productores del disco.

Sucede que las guatemaltecas y los guatemaltecos somos expertos en ningunear lo que se hace acá, especialmente si nos retrata de cuerpo entero. Nos duele, nos asusta, nos ahuyenta vernos en el espejo, mientras intentamos ser lo que no somos, a imitación (siempre limitada y patética) de lo que nos viene ya enlatado de otras partes del mundo (cosa que tampoco representa realmente lo que son esos otros) o, in extremis, de colegas que nos han dado todo, para que después los despreciemos. Muy fácil hablar mal.

Democracia Sonora, tal vez más allá de la intención de sus operarios, es una propuesta que se adentra en la estrechez del menesteroso. Desde The Cries of London de Orlando Gibbons (1583-1625) hasta esa misma obra poética, reinventada por Luciano Berio (1925-2003), e interpretada para desconcierto del público asistente al concierto que tuvimos el privilegio de presenciar en Guatemala, hará ya más de 25 años con el Grupo Vocal de Francia en el templo de La Merced. No podemos, los que nos llamamos seres humanos, dejar de sorprendernos con la capacidad que tiene un compositor, de captar nuestra propia condición. Es un poco lo que sucedió cuando Regina José Galindo, artista del performance, me solicitó la creación de música para su obra I am alive, presentada en vivo en Nueva York, un par de años atrás. Queda, como tarea, ofrecerla en Guatemala…

El disco de la ¿Democracia? ¿Sonora? desapareció, hace ya tiempo. Pero, para quienes pudimos apreciar la labor y la entrega de los involucrados en su producción, continúa siendo uno de los registros pertinentes a nuestra denostada guatemalidad. Siguen ofuscados los jovencitos y las jovencitas con conseguir un “hueso” donde podrán ganar plata sobre la base de repetir un repertorio manoseado y, repetidamente, foráneo. Para eso ¿se preparan?, ¿estudian?, ¿consiguen becas?, ¿crean piezas “fresh”, supuestamente nuevas y originales?

Democracia Sonora se posicionó en la antología de la música guatemalteca como aquello que es concerniente a un ámbito sonante que nos rodea, pero que muchas veces escogemos ignorar. A 15 años de su irradiación, mantiene su vigencia. Toda una metáfora. No hay democracia ni, mucho menos, es del orden sonoro. Acaso la de ese excelente disco.

 
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