Derroche difícil

En cambio, lo que no parecen comprender quienes orquestan esos operativos es el triste espectáculo que brindan ante los ojos de visitantes extranjeros, que se pueden topar con ese bochorno consecutivamente, porque el despliegue policial es generoso y quienes los ejecutan no se limitan a moderar la velocidad o a ser una ayuda en la prevención de accidentes, sino que forzosamente se ven impelidos a detener a conductores, como si tuvieran una cuota que cumplir, con lo cual fácilmente otros pueden evadir el registro.

En los informes de los organismos internacionales se suele criticar con frecuencia ese proceder, porque ese tipo de operativos, que se multiplican en las cuatro salidas principales de la capital, son poco frecuentes en una plena democracia, y los argumentos se acrecientan cuando en muchos de esos puestos de registro es notoria la presencia militar, pues también está claro que esa no debe ser la principal misión del Ejército, mientras las fronteras siguen siendo porosas ante los narcotraficantes.

De hecho, para la población a veces son mucho más preocupantes algunos de esos puestos de control porque hay ocasiones en las que una sola unidad policial monta a discreción un operativo que resulta comprometedor hasta para la misma institución, como acaba de ocurrir en un trayecto de Zacapa, donde precisamente un grupo de turistas de diversas nacionalidades fue asaltado a los pocos minutos de haber sido requisado por agentes que se conducían en un autopatrulla, lo que hace sospechar de su participación o al menos de que conocían a los malhechores.

De eso, por supuesto, poco se dice, y las autoridades tampoco parecen ser conscientes del enorme daño que esas versiones acarrean a la imagen del país, porque se multiplican en el exterior, mientras el derroche de agentes en ciertas rutas es un contrasentido, ya que los hechos delictivos no dan tregua y las estadísticas simplemente ratifican que los criminales continúan haciendo de las suyas, como también lo evidenció la pareja de turistas que grabó el atraco de que fue víctima en un paraje de Sololá, y estos son apenas dos casos que se conocen.

Esos hechos son desmentidos por las autoridades, que tampoco parecen tomar nota de que el mundo ya cambió, que hay una gran evolución en el campo de la tecnología y que no solo se puede grabar o transmitir un asalto en vivo, sino que también se pueden socializar los detalles de presencia policial, algo sobre lo que tampoco existe información confiable que los justifique, y el ingenuo derroche de agentes en una sola ruta lo único que logra es restarle belleza al maravilloso paisaje del altiplano guatemalteco.