EDITORIAL
Apóstoles modernos
Oficios y ocupaciones aparentemente simples, que han sido parte de la rutina de días, semanas y años,
cobran nueva significación y se revelan, en medio de la crisis por el coronavirus, como verdaderos testimonios de constancia, disciplina y servicio. Recolectar la basura de las viviendas, atender a víctimas de accidentes o a pacientes de enfermedades comunes en las emergencias hospitalarias, mantener llenos los anaqueles de supermercados o el cultivo y transporte de verduras desde los campos hasta los centros urbanos constituyen algunos de estos trabajos vitales.
En tiempos de tantas limitaciones y tensión existen personas que deben salir y permanecer en las calles a causa de las obligaciones propias de sus empleos. Policías, agentes de tránsito, bomberos, médicos, enfermeras, empleados ediles y muchos funcionarios ejercen sus puestos de acuerdo con el compromiso legalmente adquirido, pero en no pocos casos su desempeño va más allá del deber a causa de una convicción de servicio y atención constante a las necesidades ajenas.
Tales apostolados contrastan obviamente con otras actitudes mezquinas y acciones de burdo aprovechamiento exhibidas sobre todo por numerosos congresistas que si bien aprobaron algunas medidas de asistencia a la población afectada por la calamidad y la suspensión de actividades, intentaron meter rubros cuestionables y abiertamente criticados por la ciudadanía, en una sesión plenaria que excluyó la presencia de la prensa independiente, so pretexto de medidas sanitarias. Tales parlamentarios no han entendido un ápice los duros mensajes que la pandemia de covid-19 ha dejado: no importa el dinero ni la influencia política, toda persona es una víctima potencial y por ello en esta vida el único sentido existencial verdadero es el servicio, la honradez y la conciencia limpia.
En esencia, la moral natural dicta hacer el bien y evitar el mal, hacer por otros lo que se quisiera que otros hiciesen por uno, pero hay personas que parecen olvidarse de normas tan elementales a causa del afán de enriquecimiento, de tener la sensación de poder y aún así poder presumir de inocencia y bonhomía.
Una situación tan desafiante como la actual saca a relucir los auténticos valores o su ausencia, sobre todo en el marco de las ya próximas conmemoraciones de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Las restricciones que impidieron la celebración de actividades de piedad popular se han convertido, paradójicamente, en una oportunidad para vivir de manera más vivencial la Cuaresma, como tiempo de recogimiento y penitencia en espera de la Pascua, palabra cuya etimología del hebreo significa “paso”, en alusión al tiempo en que las plagas bíblicas asolaron Egipto.
Cada persona vivirá estos días de acuerdo a su credo, pero sin duda alguna, más allá de cualquier división o denominación, las acciones predican mucho más que las palabras. Es reconfortante contar con el trabajo tesonero de tantos guatemaltecos en medio de la calamidad. Hay profesores dedicados a enseñar en línea, hay transportistas en ruta a las cabeceras, hay dependientes de gasolineras o en puestos de mercado que no están exentos de preocupación, pero que aún así aportan su mejor esfuerzo contra la adversidad.