EDITORIAL
Caravana de rezagos es la que debe frenarse
Como si de una pieza de teatro absurdo se tratara, se han sucedido las imágenes de infantes extenuados, madres de mirada perdida, jóvenes con la desesperación de muchas décadas a cuestas y campesinos desempleados que optaron por atravesar campos, caminos y fronteras hasta encontrarse con una valla infranqueable de la Guardia Nacional mexicana que antes no existía, pero que surgió a raíz de las amenazas de gravámenes a las exportaciones y recortes de la ayuda que, paradójicamente, puede ayudar a frenar el éxodo.
Desafortunadamente, no se trata de ficción ni de un montaje dramático, sino de la realidad socioeconómica que azota al Triángulo Norte. Cientos de hondureños pretendían llegar a pie a EE. UU., en un contexto totalmente distinto al de las caravanas del 2018, por lo cual su objetivo quedó truncado debido a las medidas implementadas por los presidentes de México, Guatemala, Honduras y El Salvador, a raíz de sendos convenios firmados con el gobierno de Donald Trump. Con todo y la potestad legal que pueda invocarse para detener a los migrantes en ruta, no dejan de ser lamentables las imágenes de niños aterrorizados, semblantes desencajados y gritos de clemencia por parte de los viajeros centroamericanos durante la trifulca vivida en territorio de Chiapas al momento en que un contingente federal les impidió continuar la ruta trazada.
La comitiva estaba integrada en su mayoría por hondureños, a los cuales se sumaron salvadoreños y guatemaltecos, en una paradójica unión centroamericana cohesionada por la precariedad, la falta de oportunidades y la esperanza remota de un sueño americano. De cierta manera parecían ser un grupo de apátridas, debido a que los pronunciamientos de los gobiernos fueron escuetos, formalistas, casi evasivos, a pesar de que se trata del síntoma evidente de un drama que padecen numerosas comunidades azotadas por la pérdida de productividad, el cambio climático, el desempleo, la delincuencia y deterioro en las condiciones de vida.
Este círculo vicioso de circunstancias solo puede romperse mediante planes coherentes de desarrollo, ejecución limpia de los recursos públicos, fomento de las inversiones y emprendimientos, combate a la evasión y el contrabando, así como una renovación de los planes dirigidos a aprovechar el bono demográfico. Claro está que no es una tarea fácil, pero sí impostergable. Es una misión enorme que requiere de las sinergias entre Estados y de la cooperación de todos los sectores ciudadanos. Puede parecer que se trata de un problema marginal, periférico, pero sus efectos, tarde o temprano, impactan a los países y evidencian la falta de estrategias claras para su atención. De no ser por la labor humanitaria de la Casa del Migrante, que incluso le valió amenazas de muerte a su director, el padre Mauro Verzeletti, muchas madres y niños se habrían quedado sin comida ni refugio temporal.
El retorno de decenas de personas a sus países de origen es una medida inmediata que puede cubrir las apariencias bilaterales, pero no subsanar las grandes necesidades nacionales de fondo, las cuales surgieron a causa de gobiernos plagados de intereses sectarios, despilfarros y un divorcio entre discursos y acciones. El momento es propicio para que Guatemala lidere una estrategia regional de transformación y desarrollo que puede comenzar por revelar en qué consisten los anexos del convenio migratorio con EE. UU. que mañana cumplen seis meses de absurdo e inexplicable secreto.