EDITORIAL

Casualidades clientelares estorban a las soluciones

El alto costo de combustibles se ha prolongado debido al conflicto en Oriente Medio y se necesita trazar estrategias de corto y largo plazos para paliar su impacto.

Es célebre la frase: “En política no hay casualidades”, atribuida a Franklin Delano Roosevelt, presidente de Estados Unidos. Y tiene un complemento que le da aún más lucidez: “Y si acaso hay casualidades, es que están muy bien preparadas”. Todo un axioma que refleja diversas maniobras: juegos, cortejos, presiones, secuencias de actos coreografiados, con guiones diversos.

Viene a colación debido a la veintena de necios bloqueos viales instalados en tramos carreteros de todo el país, durante la jornada del lunes 31 de agosto, los cuales afectaron a cientos de miles de guatemaltecos,   les impidieron trabajar ese día e implicaron un gasto adicional de combustible, pese a que el supuesto objetivo de la coordinada protesta era reclamar contra la carestía del diésel y las gasolinas. Los bloqueos se extendieron por algunos puntos más de 18 horas y requirieron del uso de la fuerza policial, que resultó más bien tardío, dado el impacto económico nacional de tales atentados contra la libre locomoción. El martes 1 hubo al menos otros 10 bloqueos, pero justo ese día, en el Congreso de la República, diputados del exoficialista y languidescente partido Vamos intentaron, casualmente, ponerse la capa de héroes y presentaron una moción para eliminar el impuesto a los combustibles,  además de plantear un subsidio al diésel.

Como contexto de esas mismas casualidades, que más bien parecen causalidades, cabe recordar las recurrentes protestas de sindicalistas jovieleros cuando se acercaba la discusión de pacto colectivo, las de salubristas cuando llega la definición del presupuesto en el Congreso y lo mismo, los reclamos de supuestos exmilitares que presionan para obtener un beneficio económico,  a costillas del pueblo, pero impulsado por solícitos diputados que no tienen otra cosa que ofrecer, más que lo ajeno.

Sí, el alto costo de combustibles se ha prolongado debido al conflicto en Oriente Medio y se necesita trazar estrategias de corto y largo plazos para paliar su impacto, sobre todo en la población más vulnerable, en el sector agrícola y productivo. Ya se intentó un subsidio, pero se dio en condiciones tan laxas, sin monitoreo riguroso ni controles sobre quién lo consumía, que se agotó en menos tiempo del previsto. Casi Q2 mil millones se fueron por el tanque, pero el beneficio real sobre los pasajes de taxistas y microbuseros no se sintió ni fue auditado por nadie.

Ese es el enorme e inconveniente costo de  medidas tomadas a la carrera, al calor del clientelismo y con avidez de reflectores propagandísticos en los prolegómenos de la campaña electoral. No está de más suponer que había otras bancadas subrepticiamente interesadas en apoyar la ponencia del lunes, pero cuyo costo y efecto real se deben calcular, para no poner parche sobre parche, que al final toda la ciudadanía paga.

Claman varios oficiosos diputados que la ciudadanía necesita respuestas, que está sufriendo la economía de los hogares y que todo el país paga por el alza. Ahora sí les preocupan los costos. Pero evaden mencionar que los tributantes también han pagado caro el autoaumento ilícito, el uso indiscriminado de combustible en vehículos oficiales, los aumentos clientelares al personal legislativo y las plazas que siguen avalando. Tal vez, si se ahorrara en esos costos se podría tener un primer fondo para poder financiar un programa de alivio al costo de los combustibles. El Legislativo emitió ayer una convocatoria al Ministerio de Energía, transportistas y otras autoridades para evaluar opciones. El llamado debería ser más amplio, para incluir a más sectores; el requisito, llevar propuestas concretas que puedan llegar a consensos serios.

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