Editorial

Caudaloso y sucio río de imprevisión edil y estatal

Es tiempo de que más comunas dejen de pensar en payasadas mitineras y se pongan a trabajar, aunque vayan tarde.

El 28 de septiembre, el alcalde de San Miguel Petapa, Mynor Morales, reelecto con el partido Valor en 2023, se presentó a la derruida área de la colonia Villa Hermosa contigua al cauce del río Pinula para “supervisar” los trabajos efectuados ante los más recientes socavones y derrumbes de viviendas. Los pobladores lo abuchearon y ello quedó grabado en videos de redes sociales. Y es que, aunque está al frente de la municipalidad desde 2020, muy poco ha hecho para prevenir el continuado desastre de dicho sector. En los primeros días de este mes interpuso un recurso de amparo en la Corte de Constitucionalidad para obligar al Ejecutivo a intervenir, el cual le fue otorgado, muy oficiosamente, el día 4.


Pero en 2023, cuando dicho afluente arrastró varias casas y ya existía una emergencia parecida, solo envió una carta “en busca de soluciones” al entonces presidente Alejandro Giammattei. Es obvio que no hubo mayor atención, dados los devastadores efectos recientes. Sin embargo, es necesario señalar que Morales está presente en la comuna petapeña al menos desde 2007, como concejal y también como “asesor”. En 2015 intentó ser electo alcalde por el malhadado Partido Patriota, pero su candidatura fue invalidada por no tener finiquito. Asumió el concejal primero Luis Reyes, quien fungió dos períodos antes de que se lograra apachar el clavo y pudiera llegar a la ansiada vara.


En seis años de gestión, más de un avance debería verse en la protección de dicha cuenca. Hubo varios trabajos, pero los vecinos señalaron que no eran suficientes; sin embargo, prefiere culpar a las demarcaciones y alcaldías donde pasa el río Pinula. Así como se deshizo en elogios en los primeros días de la pandemia por unas cajas de víveres recibidas, debió empezar entonces a exigir trabajos que habrían ahorrado muchas pérdidas. Eso sí, también hay responsabilidad del Ejecutivo.


Desde 2001 existía una advertencia de zona de riesgo en los terrenos aledaños al mencionado río. Sin embargo, es obvio que las administraciones municipales no reforzaron esa veda y permitieron construcciones, quizá hasta otorgando licencias o bien permitiendo obras sin permiso. No se escuchó nunca ninguna denuncia del concejal o del asesor Morales como para andar ahora rasgándose las vestiduras. En todo caso, las autoridades de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred) bien pudieron hacer denuncias o advertencias, aunque, claro, muy probablemente habría salido a relucir la “autonomía municipal”.


Cumpliendo la orden de la CC, el Ministerio de Comunicaciones deberá emprender trabajos de consolidación y muy probablemente construir un canal reforzado, aunque esa solución llegue dos décadas tarde. Este tipo de rezagos evidencian la miopía y cortoplacismo de múltiples corporaciones ediles, que evaden emprender proyectos de este tipo porque no son tan vistosos ni electoreros, aunque sí estratégicos. Esas omisiones son simplemente inmorales y deberían ser castigadas al menos en las urnas.


Mientras tanto, con unas 500 viviendas más en riesgo, un puente cerrado y miles de vehículos desviados a diario, ahora también el alcalde petapeño tendrá que ponerse manos a la obra —y no solo lavárselas—, pues la CC amplió el amparo el jueves último y ordenó también al Concejo del municipio adoptar medidas “administrativas, técnicas y de mitigación” urgentes para atender la emergencia y proteger a la población de las áreas vulnerables. El sábado vencían las 48 horas para la presentación del informe. Esta no es la única cuenca fluvial cuyo caudal invernal entraña riesgo a la infraestructura y propiedades. Es tiempo de que más comunas dejen de pensar en payasadas mitineras y se pongan a trabajar, aunque vayan tarde.

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