EDITORIAL

Congreso busca contralor para un año electorero

La nómina pasa a manos del Congreso, y de ahí saldrá el siguiente titular de la Contraloría General de Cuentas.

Se concretó la integración de nómina para contralor general de Cuentas, con correlaciones de último momento entre ciertos postuladores que no sorprendieron a nadie. Sorpresa hubiera sido que dejaran de lado a todos los aspirantes que no desvanecieron tachas que, si bien no eran un impedimento, tampoco eran una recomendación. La nómina pasa a manos del Congreso, y de ahí saldrá el siguiente titular de la Contraloría General de Cuentas. Seguramente esto iniciará las negociaciones para los apoyos, aunque en este momento aún no se trata de un asunto inminente; primero, porque la plenaria de este martes se enfocará en resolver las objeciones al segundo subsidio a los combustibles, que contempla un monto de Q2 mil 500 millones.

Es tanto el afán de protagonismo electorero que muchos diputados solo buscan allanar el camino a la subvención, aprobada el 9 de septiembre en un escenario de presiones, que es aún más onerosa que la primera y que fija precios de referencia de Q41 para la gasolina súper y Q39 para el diésel y la gasolina regular. Se aplicará el subsidio si el precio supera tales cifras. Sin embargo, el decreto no contempla ninguna otra medida para verificar que ese dispendio en efecto incida en los costos de pasajes o precio de insumos básicos.

Existen otras iniciativas, de igual perfil populista, que plantean reducción o eliminación del impuesto a los combustibles, pero que no dicen cómo se sustituirán tales ingresos fiscales, los cuales ya están contemplados en el actual presupuesto y también en el del 2027, cuya discusión ya se asoma. Es llamativa la inclusión de la palabra “ayuda” en los nombres de tres de estas propuestas, para venderlas como un auxilio cuasi gratuito a los ciudadanos, pero que se pagan con los mismos tributos de todos.

Por eso es necesario insistir en que ningún subsidio constituye un favor ni una dádiva de funcionarios o diputados, más bien constituye una especie de gavetazo al erario, porque en lugar de aprovechar los fondos públicos para inversión en desarrollo o en servicios de atención a los más necesitados, los destina a tratar de controlar precios que ni siquiera son fijados localmente, pues obedecen a una crisis internacional, detonada por imprudencias ajenas, pero que todo el mundo está pagando. Lamentablemente, el acicateo demagógico de la politiquería barata, opuesto a la seriedad estadista, genera escenarios volátiles, intransigentes y miopes.

De vuelta en el Congreso, ya comienza el análisis de la propuesta de gasto para el 2027, que ronda los Q192 mil millones, pero con una recaudación proyectada de Q131 mil millones y más de Q40 mil millones de nueva deuda pública. Pero si tales descuadres ya suenan inflados, hará falta ver lo que hará un Congreso en plena carrera de reeleccionitis, que para muchos diputados ya está cuesta arriba, dados los incumplimientos, los transfuguismos y la abusivez inolvidable del autoaumento salarial. Se puede temer un escenario en el cual, lejos de contener el gasto, los padres del dispendio le agreguen aún más, acercándolo a los Q200 millardos.

Por eso se tenía tanta expectativa sobre la nómina para elegir contralor general de Cuentas, que será quien audite el gasto público del año electoral. Las bancadas intentarán amarrar compromiso con quien les garantice mayor maleabilidad no solo en la glosa de la ejecución, sino también en la emisión masiva de constancias de ausencia de reclamación, o finiquito, para aspirantes a alcaldías. Por eso este proceso estaba tan asediado, incluso mediante universidades de cartón infiltradas en la postuladora.

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