EDITORIAL

Desarrollo tecnológico ante desafío ambiental

La cumbre del medio ambiente COP26 deja interesantes e intensos debates sobre la necesidad de transformación acelerada en el modelo energético mundial, a fin de reducir las emisiones de carbono y el uso de combustibles fósiles —su principal generador—, así como encontrar alternativas viables para mantener la productividad, de la cual dependen empleos de bienes y servicios de los que subsisten los habitantes del planeta, quienes, a su vez, tienen en sus manos frenar el cambio climático, cuyos efectos más fuertes se han padecido en los últimos 20 años pero que podrían empeorar catastróficamente si no se actúa en forma progresiva.

Guatemala es uno de los países con mayor vulnerabilidad climática y su población ha padecido los estragos de lluvias desbalanceadas. Lejos de aquellas décadas del recuerdo en que los aguaceros de cada tarde caían y cesaban casi con puntualidad, los temporales, tormentas y huracanes recientes han dejado destrucción, pobreza y también muertes. Cabe anotar que, pese a las invasiones, narcoganadería y tráfico de maderas preciosas, el territorio cuenta todavía con una masa boscosa respetable y con una de las mayores extensiones de selva virgen en la Biosfera Maya. En otras palabras, no es poco ni despreciable el aporte de la naturaleza guatemalteca en la actual coyuntura.

Es necesario resaltar la existencia de valioso talento humano en el país, de varias generaciones, que aporta innovación e investigación en el plano científico y universitario. Dicho recurso merece ser revalorado y apoyado en su búsqueda de soluciones viables a retos contemporáneos, entre los cuales figuran las energías renovables.

Hace algunas semanas se presentaba en el país un tricimoto, más conocido por el popular nombre de tuctuc, cuya característica distintiva es que ya no utiliza gasolina, sino un mecanismo movido por un generador solar. El vehículo fue desarrollado por visionarios jóvenes guatemaltecos. Prensa Libre tuvo el honor de difundir este emprendimiento. Sin embargo, al darse a conocer la noticia por redes sociales, la mayoría de comentarios se centraban en criticar el aspecto exterior del automotor, señalando que se miraba “feo” con ese panel encima. Hubo elogios y encomios, pero los sarcasmos fueron mayoría.

Esto lleva a deducir que el primer cambio que se necesita para enfrentar la adversidad climática no es el tecnológico, sino el de actitud. Mientras se siga pensando que solo unas cuantas mentes pueden acceder a las ciencias exactas, como Matemática, Física, Química o Informática, muchas oportunidades seguirán vedadas; no por factores externos, sino mentales. Mientras haya padres que sigan acallando la curiosidad de los niños y evadiendo sus preguntas sobre por qué algo funciona así o por qué no puede ser de otra manera, el avance científico seguirá atado a prejuicios. Mientras haya maestros coaligados con la mediocridad de seudolíderes vendidos al mejor postor, el desarrollo intelectual estará enjaulado para muchos estudiantes.

El reto del cambio climático es global, pero Guatemala tiene un gran patrimonio biológico que puede servir de referente mundial de conservación y también de recuperación para un uso eficiente y sostenible. Pero para potenciar esta riqueza hay que valorar la ciencia por encima del lucro desmedido y de la destrucción de ecosistemas generada por explotaciones ilegales de recursos.

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