EDITORIAL

El respeto a la salud ajena es la paz

Dos meses de reapertura dejan importantes lecciones sobre la necesidad de constante innovación en la productividad industrial, agrícola, exportadora y de servicios, así como en el comercio, pero también se han producido relevantes experiencias sobre la continuidad de la prevención del covid-19, que sigue siendo la mejor herramienta de combate, al menos hasta que exista una vacuna o un nivel tan amplio de inmunización natural que la convierta en una enfermedad estacional.

Mientras tales esperanzas sanitarias se concretan, la vida económica continúa, literalmente, a base de nuevas rutinas como el lavado constante de manos, la desinfección recurrente, medidas de distanciamiento y respeto del aforo máximo en cualquier espacio de convivencia social, así como el uso constante de mascarillas en calles y oficinas, en supermercados y dependencias públicas, en iglesias y reuniones, centros comerciales y cualquier área en donde haya interacción pública.

Tales condiciones pueden, en algún momento, causar cierto hastío, cansancio o incluso duda sobre su efectividad, pero son la única vía para mantener la reactivación en marcha, la cual ha dado muestras de estar impulsada por una fuerza muy poderosa: el afán de superación personal, familiar y comunitario de miles de guatemaltecos que día a día madrugan, se dirigen a sus labores o las efectúan con gran empeño desde sus domicilios. Dentro de este potencial figuran todos aquellos hombres y mujeres, muchos de ellos jóvenes, que a raíz de la crisis vieron florecer su capacidad de emprendimiento.

El segundo trimestre del año 2020 constituye uno de los peores momentos productivos de la historia del país, a causa del cierre casi total de tantos centros de trabajo. Los indicadores de actividad exhiben un descenso dramático que hizo temer un colapso generalizado e incluso una crisis humanitaria. Esto no quiere decir que no existan grupos de población altamente vulnerables que todavía resientan los efectos del desempleo, sobre todo los situados bajo el umbral de la pobreza. Esto es constatable a simple vista, al observar la subsistencia de personas solicitando víveres con raídas banderas blancas en varios puntos metropolitanos.

En cuanto al relativo descenso en la ocupación de camas hospitalarias, este aún no debe ser proclamado como una victoria gubernamental, sino como parte de una etapa epidemiológica que puede volver a marcar repuntes en las próximas semanas. La Coprecovid explicó ayer que el alza de contagios no es la temida segunda ola —que ya azota a varios países de Europa—, sino que se trata de un momento de “meseta”, por lo cual todavía es momento de frenar la propagación sin volver a un confinamiento. Para ello, las medidas descritas anteriormente deben ser una norma no solo de cumplimiento legal, sino, sobre todo, ético.

El camino hacia la recuperación no ha sido fácil y los niveles de actividad económica reportados por la Junta Monetaria no han logrado salir de las cifras negativas, pero crean expectativas optimistas. Los efectos de un retorno al encierro, a los toques de queda y las restricciones de movilidad interdepartamental podrían demoler los logros de agosto y septiembre, con el consiguiente impacto social y humano. Para evitar tal extremo, que ha sido lamentablemente necesario en países como España, Francia o Israel, se debe apelar al sentido de empatía, solidaridad y amor al prójimo. Parafraseando la clásica frase del estadista Benito Juárez con un sentido de salubridad, se puede afirmar que el respeto a la salud ajena beneficia a todos.

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