EDITORIAL
Elección de contralor se cocina a escondidas
El destino de la Contraloría General de Cuentas y la forma en la que se elige a su jefe es un asunto que sí interesa sobremanera a la ciudadanía, a la cual sirve la prensa independiente.
Cabalmente el lunes de la semana anterior, este espacio se tituló “Congreso busca contralor para un año electorero”. Para desgracia de la ciudadanía a la que representan, todo apunta a que varias bancadas en el Legislativo se alinean para la intentona convenenciera de elegir, no a un contralor con mayúscula, sino a un peón, a un mandadero, a un tramitador que les lave trapos sucios o que percuda más los de rivales políticos para bloquear o viabilizar candidaturas el año próximo.
El indicio de que mejor permite entrever que se encuentra en marcha el nuevo pacto de las tapaderas es esa actitud oscura y presuntuosa de varios integrantes del bloque de jefes —trueque de palabras intencional— en el Legislativo. Dicen que no tienen acuerdos y que aún no reúnen los votos, pero es solo para no tener que decir que están en busca de alguien que les controle los asuntos incómodos a conveniencia.
Por eso, ayer mismo estaban transando, bajo la mesa y entre caciques, los votos para adelantarse y elegir hoy al nuevo titular de la Contraloría General de Cuentas. No porque les importe la transparencia, sino porque necesitan amarrar el trato antes de que el Ministerio Público reduzca, hipotéticamente, la nómina, tras requerir información sobre uno de los integrantes de la lista que logró ajustar, con mediocridad y varios integrantes de cartón, la postuladora. Y es que, como si se tratara de un requisito opcional, el aspirante con más tachas fue incluido dentro de la nómina presentada el Congreso la semana pasada: el actual subcontralor de Gasto Público, Jorge Giovanni Castellanos Gudiel, a quien se señalaba por presunto nepotismo y abuso de poder, además de existir ambigüedades sobre la obtención de uno de sus títulos de posgrado.
Pronto logró subsanar Castellanos este último punto, gracias a que se le facilitaron los trámites en la Universidad de San Carlos y ya se sabe quién tiene copada por ahora esa casa de estudios. En corros parlamentarios, se sabe que Castellanos sería en efecto candidato más cómodo para el cuestionado rector Walter Mazariegos y también para el anterior oficialismo. Tarde llegó la pesquisa de la Fiscalía, y por eso mismo se deducen la prisa y el sigilo con el cual se negocia.
Al consultarle a cierto diputado orondo sobre los criterios para seleccionar al siguiente contralor, respondió con majadería: dijo que no era un “asunto de la prensa”, sino algo “entre diputados”, a partir de lo cual se puede entender que no están buscando independencia sino sumisión, que no están interesados en mejorar la probidad sino en hacer más espesa la niebla de la discrecionalidad del uso de recursos, ya sea para pagos clientelares, bolsones de Codedes, fondos de arrastre y otras vergüenzas de la rendición de cuentas.
El destino de la Contraloría General de Cuentas y la forma en la que se elige a su jefe es un asunto que sí interesa sobremanera a la ciudadanía, a la cual sirve la prensa independiente. Por cierto, de última hora han surgido algunos anuncios de posibles bloqueos, que podrían ser protagonizados por supuestos exmilitares a los cuales fue a cortejar otro diputado sobre quien pesan muchas sospechas. Es obvio que necesitan de ruido distractor similar al de principios de mes y de una ciudadanía atrapada en la desesperación del tráfico para concretar con secretismo el amaño que intentarán hoy. Solo queda apelar a la conciencia de otros legisladores para que se enfoquen en los méritos reales de los candidatos en nómina. No hay mucho de donde elegir, pero, eso sí: el voto de las bancadas pesará en 2027.