EDITORIAL

Industria guatemalteca impulsa visión integral

El sector industrial guatemalteco es uno de los grandes generadores de empleo y también de ingresos al fisco.

De manera recurrente, múltiples presidenciables y políticos, así como sus respectivos “planes” de gobierno, mencionan a manera de frase hecha “atraer inversiones para generar empleo” como su estrategia para tratar de convencer al electorado. No faltan aquellos que ofrecen “fortalecer la certeza jurídica” o “crear un clima de negocios favorable”. En efecto, se necesitan condiciones adecuadas para propiciar el crecimiento productivo y la competitividad, pero con lamentable frecuencia muchos de tales personajes se olvidan de esa estabilidad que forma parte del Estado de derecho y obvian que las estrategias de mejora de infraestructura vial, digital y energética solo se pueden implementar en el mediano y largo plazos. Su miopía crea laberintos, tropiezos y contradicciones que lastran la economía y productividad nacionales.

Numerosos políticos de profesión nunca han manejado una empresa en condiciones competitivas de mercado. También hay personajes que han sido un fiasco en los negocios y entonces se mudan a la política, no como servicio, sino como otro intento por obtener réditos, lo cual a la larga distorsiona las prioridades estratégicas nacionales. Mientras tanto, otros países han avanzado en dichos campos, atraen inversiones de vanguardia, abren nuevos mercados e invierten en las capacidades de sus habitantes, sobre todo, los jóvenes.

Por eso, cuando el sector industrial guatemalteco efectúa propuestas para enfrentar los cambios tecnológicos, económicos y geopolíticos que están transformando países —y dejando atrás a otros—, no está formulando una elucubración teórica, sino exponiendo su diario desafío. Está hablando desde la experiencia de quienes todos los días tienen que producir, competir y sostener oportunidades de trabajo en Guatemala.

Esa visión quedó reflejada en el 21 Congreso Industrial, la semana pasada, en donde empresarios, académicos, funcionarios y otros actores analizaron los desafíos que marcarán el futuro de la actividad productiva. Inteligencia artificial, energía eficiente, infraestructura de transporte, conexión logística interna y externa, condiciones favorables de inversión, innovación, sostenibilidad y talento humano fueron parte de una agenda integral que en el año preelectoral ya deberían tener clara muchos diputados. Pero, dadas sus truculencias, es notorio que no es así.

El sector industrial guatemalteco es uno de los grandes generadores de empleo y también de ingresos al fisco; pero, para poder crecer, necesita de la mejora de condiciones competitivas nacionales, físicas, legales y gubernamentales. “La inversión, el empleo y el desarrollo no ocurren de manera espontánea”, dijo Enrique Font, presidente de la Cámara de Industria.

No es que se esté planteando solo una agenda empresarial: se requiere una hoja de ruta de desarrollo integral sostenible que todos los partidos políticos respalden y con la cual se comprometan para no estar jugando a quitar la alfombra. Esto implica consolidar la digitalización del Estado para potenciar la transparencia junto con la eficiencia, reducir los alambiques burocráticos, impulsar la modernización educativa y las capacidades tecnológicas. Ello involucra, también, erradicar la desnutrición para proteger la inteligencia cognitiva de la niñez y juventud. Ya que hay tanto afán partidario por el tema electoral, es necesario resaltar la necesidad de configurar una nueva agenda de visión nacional compartida, con la cual existan compromisos básicos de largo plazo en todos los órdenes: salud, educación, seguridad, obra pública, legislación, inversión, competitividad y, por supuesto, probidad.

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