EDITORIAL

La dignidad del trabajo bien hecho

El desempleo creciente es consecuencia directa del impacto económico de la pandemia de coronavirus y las obligadas medidas de contención, distanciamiento y freno a la libre locomoción. Golpea a importantes rubros de servicio como la hotelería, restaurantes, guías de turismo y transporte.

No se trata de un efecto único para Guatemala, pues grandes y pequeñas economías se encuentran en una difícil coyuntura. El freno al comercio, local o internacional; la paralización casi total de la industria aérea de pasajeros y las dificultades experimentadas por numerosos grupos familiares que se quedaron sin un ingreso salarial son partes de un círculo vicioso que podría conducir a una recesión o, en todo caso, a un estancamiento económico.

La restricción de actividades no solo afecta a obreros de poca escolaridad, sino también a determinados rubros profesionales que se ven impedidos de continuar proyectos, de concretar ventas y aun de poder desempeñar sus servicios. Se trata de una durísima etapa que, para poder ser superada por muchos, requerirá de la asistencia alimentaria o monetaria gubernamental, puesto que la devastación de cientos de pequeños y medianos negocios no será fácil subsanar ni ocurrirá en breve.

Aun así, en ese entorno adverso hay miles de guatemaltecos en plena lucha por la subsistencia e incluso por encontrar oportunidades de innovación. Desde aquellos que tuvieron que cambiar el espacio empresarial por algún ambiente de su casa convertido en oficina a distancia hasta quienes de pronto se vieron en la necesidad de cambiar el giro de su actividad, ante la falta de demanda de sus productos o servicios habituales.

Los guatemaltecos se caracterizan por su ingenio, perseverancia y voluntad de lucha. Así lo demuestran quienes al inicio de esta crisis optaron por fabricar mascarillas, equipos protectores o paneles aislantes transparentes; otros buscaron modalidades para llevar comida, víveres, útiles escolares y hasta cortes de cabello a domicilio de forma higiénica, ágil y segura. Las redes sociales se encuentran pobladas de habilidades en oferta que harán posible, quizá, la alimentación familiar de un día o dos.

El personal médico y paramédico, especialmente el que se encuentra dedicado a la atención de pacientes de coronavirus, trabaja en largos turnos que pueden llegar a ser de 24 horas: una labor humanitaria, noble y abnegada cuya remuneración económica no llega ni a la mitad de lo que gana un diputado, pese a que salva vidas aun a costa del riesgo para sí mismo. Tan plausible labor merece el respeto y el agradecimiento de todos los conciudadanos.

No menos importante es el trabajo desarrollado por socorristas, policías, pilotos de ambulancias de bomberos y de agencias privadas, agentes de tránsito y empleados municipales de limpieza, quienes desempeñan sus labores desde antes de que amanezca. Vendedores de mercados, empleados de supermercados, cajeros, operadores y técnicos de los sistemas de cajeros automáticos, dependientes de gasolineras, profesores de primaria, secundaria, diversificado y nivel universitario que prosiguen, en la medida de sus posibilidades, con la misión de enseñar. A todos esos ciudadanos y a todos aquellos que están en busca o en espera de retomar su actividad queremos rendir un sencillo pero sincero reconocimiento por su esfuerzo, dedicación, sudor, responsabilidad y anhelo de superación.

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