EDITORIAL

La huella positiva de una mujer ejemplar

Hay vidas cuya convicción por los valores positivos, vocación de servicio a los demás y decidido afán por labrar un mejor futuro para las nuevas generaciones les hace trascender más allá del tiempo cronológico hasta llegar a convertirse en inspiración, testimonio, modelo imperecedero de ciudadanía. Es por ello que el lamentable fallecimiento de la empresaria y benefactora Isabel Gutiérrez de Bosch, acaecido ayer, constituye una pérdida irreparable y motivo de profundo pesar, debido a los múltiples emprendimientos de ayuda que impulsó desde hace más de tres décadas en favor de la niñez y la juventud.

Es claro que tales misiones de decidido apoyo a la educación, el desarrollo, la salud y el beneficio social constituyen un legado que prolonga su memoria y hace que su nombre sea llevado con cariño en el corazón de tantas personas en cuyas vidas florece su liderazgo altruista.

Sin duda uno de los programas más visionarios que ella diseñó y acompañó, año tras año, en cada lanzamiento y ceremonia de entrega, fue el de las becas de la Fundación Juan Bautista Gutiérrez, bautizado con el nombre de su padre, visionario e insigne empresario de quien ella aprendió, en su natal Totonicapán, el afán por el trabajo tesonero y por impulsar el desarrollo comunitario como una responsabilidad social.

Centenares de jóvenes con demostrada excelencia académica han tenido y tienen la oportunidad de cursar carreras de numerosas ramas profesionales con todos los gastos pagados en la universidad de su elección: este programa es prácticamente único en su tipo en el país, muy en especial por su dimensión y proyección para el porvenir de muchos guatemaltecos.

Para el ciclo 2020 se entregaron becas a 35 estudiantes y para 2021, debido a la alta afluencia de solicitudes, se amplió a 50. “Hoy es un día muy grande, estamos celebrando nuestros veinte años -del programa de becas- les estoy haciendo entrega una llave de una puerta de nuevas oportunidades”, dijo Gutiérrez de Bosch en noviembre de 2019, rodeada de brillantes sonrisas juveniles llenas de esperanza.

Este no fue el primero ni el único emprendimiento de servicio a Guatemala de doña Isabel. Su participación fue decisiva para el proyecto de nutrición del Club Rotario de Guatemala. También fue fundadora y presidenta de Fundaniñas, institución cuyo principal objetivo es rescatar a menores en situación de riesgo por violencia intrafamiliar, abandono o conflicto con la ley. Sin ningún interés más que el de aportar ciudadanas íntegras a la sociedad, esta entidad provee albergue, estudios, apoyo psicológico y terapia ocupacional.

Por sus méritos filantrópicos, Isabel Gutiérrez de Bosch recibió la Orden del Quetzal en 2005. Sin embargo, su mejor condecoración continúa latiendo en los corazones y las vidas de todos los jóvenes, hombres y mujeres que hoy tienen un mejor horizonte gracias a su inspirada vocación de servicio. “Lo que hace falta aquí en Guatemala es la salud y la educación, entonces nos dedicamos a eso”, explicó con naturalidad en un documental sobre el trabajo de la fundación. “Si tienen 85 puntos de promedio, presenten sus notas y su solicitud, ustedes están calificados para tener un mejor futuro profesional”, invita en otro video que perpetúa su labor. Su sencillez, su claridad de objetivos y también su perseverancia dejan una huella positiva en la historia nacional.

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