EDITORIAL

Más conciencia debe traer mayor precaución

Con el paso de las semanas, el incremento de casos confirmados de coronavirus —que ayer sumó 143 pacientes— y la continuación de las restricciones se ha producido un esperado aumento en la preocupación ciudadana sobre la gravedad del impacto de esta enfermedad, con el consiguiente énfasis en algunos de los cuidados, sobre todo en el uso de la mascarilla y el lavado de manos con agua y jabón, los cuales son claves, mas no suficientes.

El estudio de opinión desarrollado por ProDatos en mayo muestra notorias diferencias respecto del primer sondeo, efectuado hace un mes, cuando un 58% de entrevistados consideraba de alto riesgo al coronavirus. En la última medición, la cifra creció al 68% y al hacer el desglose por sexo, son las mujeres quienes mayor preocupación exponen, lo cual es comprensible, pues muy probablemente entre ellas hay muchas madres de familia.

Las prácticas preventivas como el lavado de manos son usuales para más del 90% de participantes en el estudio, y la utilización de mascarilla protectora en público fue declarada por el 100% de individuos; sin embargo, otras medidas profilácticas como quitarse los zapatos al entrar a la casa tienen aún muy poca difusión. Además, aunque no fue materia de las preguntas del sondeo, se han podido observar en varias zonas capitalinas y centros urbanos de provincia frecuentes aglomeraciones, sobre todo en mercados. De poco sirven las mascarillas si no existe un constante distanciamiento, y el lavado de manos es de escasa funcionalidad si las personas se exponen innecesariamente en áreas públicas; ello pese a que ocho de cada 10 considere que el país pasa por el momento más serio de la pandemia y nueve de cada 10 temen un aumento significativo de casos.

En todo caso, las cifras revelan la factibilidad de fomentar y reforzar las medidas de aislamiento e higiene. Pero eso requiere a la vez información clara, concisa y libre de anotaciones personales por parte de quien la provea, puesto que determinadas percepciones individuales pueden distorsionar el sentido del mensaje. Los asesores de comunicación social deben ocuparse precisamente de hacer eficientes estas divulgaciones, en lugar de querer buscar eufemismos o alambicadas explicaciones para las carencias hospitalarias denunciadas por médicos.

El aprovisionamiento de estos centros y la implementación de los que faltan deben constituir una prioridad de primer orden para el Ejecutivo. En el estado de Calamidad legalmente declarado se instituyen las herramientas administrativas para poder contratar con celeridad y a la vez transparencia los suministros de insumos de emergencia. No es el momento de intentar endilgar a los médicos la responsabilidad por el uso intensivo de los equipos desechables de protección, que para eso son. Tampoco es conveniente declarar públicamente que se atenderán las necesidades y por detrás intentar cualquier tipo de represalia.

Finalmente, cabe anotar que la creciente conciencia del riesgo del coronavirus debe ser asumida como una motivación para reforzar las prácticas personales y familiares de prevención y profilaxis, no para emprender movimientos fóbicos en contra de los pacientes de coronavirus, sintomáticos o no. De acuerdo con estudios epidemiológicos internacionales, la proyección es que esta infección se convierta en endémica; por lo tanto, la empatía y la solidaridad siguen siendo claves para poder ponerse en el lugar de otro y a la vez actuar de manera prudente para enfrentar la propagación.

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