EDITORIAL

Mismo padecimiento, pero más avanzado

La pugna por la rectoría de la Usac está llegando a un punto agudo del cual solo se podrá salir de dos formas: con un triunfo pírrico y cuestionable de los grupos adláteres del oficialismo o con una revisión total del proceso de votación primaria y una auditoría independiente a las decisiones del Consejo Superior Universitario (CSU), presidido por un rector suplente, políticamente débil, que hasta ahora solo se perfila para pasar al limbo de la historia. Su postura tímida no ha sido desaprovechada para tejer pactos que se traslucen y quedan evidentes al observar el patrón que siguen las directrices.

De uno y otro lado hay jaloneo por encabezar la máxima casa de estudios del país y la única estatal, que tiene representantes en más de 50 entidades descentralizadas y autónomas, entre consejos, juntas directivas y entes colegiados. Es clara la avidez oficialista por copar totalmente uno de los últimos sectores de resistencia a su agenda unívoca, aunque es necesario aclarar que ya desde las gestiones de Estuardo Gálvez y Murphy Paiz, ambos bajo proceso judicial, había coqueteos y juegos de conveniencia con los poderes políticos de turno.

La exclusión de delegados electos por parte del CSU para impedirles participar en la votación final de representantes pasó de la protesta en el lugar de la elección a la paralización funcional de la elección de nuevo rector. Los llamados comités de huelga y asociaciones de estudiantes no tuvieron posición clara desde el principio y la participación fue dispar. A la luz del zafarrancho en que se convirtió la elección, debido a denuncias de irregularidades y decisiones arbitrarias, el reclamo pasó de pedir una votación de representantes transparente a reclamar la repetición de todo el proceso.

Integrantes de grupos estudiantiles bloquearon el acceso a la Ciudad Universitaria, una medida recurrente, nada original y que afectará más al personal administrativo y a estudiantes que acudan por clases en modo semipresencial o presencial. La toma es perjudicial y su efecto es mínimo, pues, dada la experiencia de la pandemia, no sería nada complicada la continuidad del ciclo de estudios mediante videoconferencias. Esto, a diferencia del impacto que tuvo la toma efectuada en 2010, cuando se exigió una reforma universitaria. Esta fue ofrecimiento de anteriores rectores pero no se concretó porque no le conviene a quienes medran con el actual modelo.

Uno de los reclamos hace una década era mayor participación estudiantil en las decisiones del CSU, pero también la reforma, para que miles de estudiantes de extensiones universitarias y escuelas no facultativas puedan participar en la elección de rector. Solo la Facultad de Humanidades, cuyo decano es finalista en el actual proceso, tuvo voto departamental en el reciente proceso, debido a la invención de sedes adscritas a la central cuyos estudiantes contaron incluso con transporte para ir a votar.

El entuerto actual es solamente un síntoma más severo de un mal sin atender. Empero, detrás de cada crisis existe una gran oportunidad, y esta puede ser la de la Usac, para que puedan retornar los rectorados de grandes intelectos como Carlos Federico Mora, Carlos Martínez Durán, Edmundo Vásquez Martínez o Saúl Osorio Paz. Ello únicamente se logrará si se sancionan las prácticas clientelares, si se modernizan y transparentan las reglas de procesos internos de elección y si vuelven a privar la ciencia y la razón por encima de la demagogia, el populismo y los abyectos intercambios de favores.

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