EDITORIAL
Números que invitan a la acción
El valor práctico del Cuarto Estudio Exploratorio de Actitudes hacia el Covid-19, desarrollado por la empresa ProDatos, con altos estándares de representatividad estadística, calidad de diseño muestral y experiencia técnica de décadas radica en que permite tener una perspectiva clara de la evolución de comportamientos, reacción ante determinados sucesos nacionales y una oportunidad de mejora en aspectos como el cuidado preventivo personal.
Una de las situaciones que más se acentúa, conforme se prolongan las restricciones, es la fragilidad económica de los hogares, sobre todo aquellos pertenecientes al segmento popular, es decir la mayoría, que ya vivían al día en tiempos normales y sobreviven a duras penas a los tiempos de calamidad. Dos terceras partes de todos los encuestados declararon padecer una drástica reducción de sus ingresos. Por otra parte, es notorio el incremento de guatemaltecos que declaran salir a la calle a trabajar, ya sea por su cuenta o en un empleo —que seguramente necesitan conservar—: del 41% que afirmaba tal acción en abril se ha pasado a un 66% la semana recién pasada, cuando se terminó de levantar el estudio. Esto quiere decir que ante los retrasos y fallos de los programas asistenciales o ante la pérdida de un trabajo, son muchos los ciudadanos que no se rinden y buscan alternativas de ingreso.
Las cifras de casos mantienen su tendencia alcista, al igual que los lamentables decesos de pacientes, médicos y también de empleados públicos, precisamente en el mismo lapso en que se discute la ruta hacia una reactivación de otras actividades de la economía formal que precisarán de estrictos protocolos de protección, control de aforos y vigilancia epidemiológica, en busca de una nueva normalidad que permita mantener a flote la productividad.
Según el estudio, existe entre los encuestados una reticencia a este reinicio de actividades; sin embargo, ello contrasta con la necesidad declarada, en otra pregunta, de tener trabajo e ingresos, pero eso no va a ocurrir por generación espontánea, así como tampoco el Estado podrá sostener por mucho tiempo el programa de protección al empleo.
Cabe señalar que aún no se deducen responsabilidades civiles o penales por las deficiencias en la gestión de Salud durante las primeras semanas del covid-19, a causa de las cuales hubo instalaciones de oxígeno médico inservibles, atraso en la implementación de hospitales regionales, desabastecimiento de equipo de protección para todo el personal hospitalario, descontrol en las cifras de fallecidos y sucesivas licitaciones fallidas, factores que inciden en el estado actual de cosas. Las nuevas autoridades ministeriales no solo han viabilizado las adquisiciones a través de Unops, sino que se aprestan a presentar un cuadro nacional de monitoreo digital que permita la implementación de etapas de retorno escalonado de actividades productivas.
Buena parte del combate del covid-19 se desarrolla en el ámbito de las decisiones individuales, como un ejercicio de valores coherentes en favor de la salud personal, lo cual redunda en la de los seres queridos, los vecinos del barrio, la zona, el municipio. Según la encuesta, el 100% de adultos mayores de 55 años tiene claro el alto riesgo que representa el coronavirus, pero solo un 49% de jóvenes de 18 a 24 años lo ve así. Quizá es tiempo de que los padres o figuras de autoridad asuman su papel orientador, no para infundir miedo o pánico, sino para sentar las bases de una nueva ética social en tiempos apremiantes. Si esta empatía no se aprende ahora ¿entonces cuándo será?