Editorial
Peligro público en movimiento
No hay tragedia pequeña, y una sola muerte a causa de irresponsabilidad debería mover a la acción a diversos sectores involucrados en el control de licencias.
Triste es decirlo, pero en este momento no sabemos en qué momento ocurrirá la próxima tragedia en el feroz ecosistema de tránsito, en el cual existe una amplia mayoría de conductores responsables, comedidos y conscientes, pero también una minoría de indolentes, desenfrenados e incluso psicóticos que protagonizan acciones temerarias y conductas riesgosas que más temprano que tarde concluyen en percances mortales en los cuales la mayoría de víctimas son ciudadanos totalmente ajenos a sus conflictos, iras e incluso impericias autodestructivas, a menudo acicateadas por la impunidad y la incapacidad policial.
El 4 de julio último, un tráiler que transportaba block colisionó contra un vehículo liviano cuyo piloto falleció al impacto, en el kilómetro 115 de la ruta al Atlántico. El conductor del pesado vehículo también pereció, y al identificarlo se descubrió que solo tenía 16 años. ¿Quién permitió o promovió que este adolescente estuviera a cargo de una función para la cual no tenía experiencia y menos aún la licencia necesarias? ¿Cuánto tiempo circuló así hasta el desenlace fatal? ¿Ningún policía pudo advertir que aquel imberbe no reunía los requisitos mínimos para desempeñar tal labor?
No hay tragedia pequeña, y una sola muerte a causa de irresponsabilidad debería mover a la acción a diversos sectores involucrados en el control de licencias. Sin embargo, la Policía de Tránsito y también varias policías municipales prefieren esperar a que pasen frente a sí los supuestos ofensores y como por ósmosis o telepatía detectar irregularidades. En ciertos casos, tales detecciones terminan en un arreglado saludo de cohecho después de un sainete de apariencias. Estas pescas mañosas ocurren más en provincia, pero también en áreas periféricas, en tramos o esquinas de poco tránsito.
Días antes, el 28 de junio, un energúmeno alcoholizado atropelló en la zona 18 a una pareja que se conducía en motocicleta. Nidia Renata Bautista fue la más grave lesionada y después de casi dos semanas de agonía falleció, el lunes último; su esposo aún se recupera, pero el deceso sin duda es el golpe más duro para él y toda la familia. El domingo 12 de julio, un vehículo zigzagueante colisionó a un autobús en el trébol de Vista Hermosa, zona 15: el sacudón causó la caída de un pasajero, Magdaleno Cruz Aguilar, originario de la aldea Palo Verde, Jalapa, quien falleció. El conductor del automóvil fue detenido en Los Próceres, al parecer alcoholizado.
Mientras tanto, la Dirección de Tránsito de la Policía Nacional Civil está perdida entre la burocracia y el atraso: las cifras de accidentes de tránsito siguen varadas en el mes de mayo. No existe una actualización en tiempo real, a pesar de la ingente necesidad de tener un panorama estadístico del impacto de la crisis vial en el país. Y no se trata solo de subir hojas en PDF con datos fijos, sino de implementar una verdadera base de datos para alimentar la inteligencia de tránsito. Pero es obvio que prefieren seguir jugando a la pesca en retenes.
Ante esta inacción es necesario que las gremiales de transporte de carga y de pasajeros también se pronuncien en cuanto a iniciativas respecto de ejercer algún control sobre la conducta de sus agremiados y el monitoreo mecánico de los vehículos. No se oye aún a ninguno de esos autonombrados voceros parlanchines de pilotos que salen a reclamar con vehemencia contra los dispositivos reductores de velocidad o los operativos de detección de licencias falsas, pero que en este momento callan ante la mortandad creciente. Y peor aún es la indolencia de obtusos diputados que ni por asomo presentan una iniciativa de ley funcional y moderna de tránsito.