EDITORIAL

Respetuoso cuidado

Cuidarse del coronavirus no es restar fuerza al auge comercial, industrial o emprendedor, pues descuidarse puede llegar a golpear mucho más los esfuerzos nacionales por recuperar el crecimiento perdido. Cuidarse no es una exageración ni tiene connotación política: es una simple actitud de coherencia ética que comienza con la justa valoración de sí mismo y de la vida de los demás, sobre todo de los seres amados, los amigos, los padres —más si son adultos mayores—, los pasajeros del vehículo y, por elemental sentido moral, todo hermano guatemalteco.

Más allá de las cifras oficiales y del semáforo encendido, la pandemia aún blande la mortífera espada sobre un mundo necesitado de una cura y esperanzado en una vacuna que aún no llega. En realidad, como dijo el Salvador, nadie sabe ni el día ni la hora, pero hay que estar preparados para seguir viviendo, y la mejor manera es cuidarse. Ayer se reportaron 20 nuevos decesos, entre ellos el del brillante médico ortopedista Héctor Danilo Barrios y el magistrado constitucional Bonerge Mejía: prueba de que el azote no hace distinciones y de que todos estamos expuestos. El uso de la mascarilla no es un juego ni un requisito negociable; el lavado de manos es una responsabilidad compartida y constante; el control de síntomas sobre los empleados de una oficina, de una maquila o de cualquier centro de trabajo es un servicio de impacto público.

Escuchar a quienes minimizan la gravedad del covid-19, a quienes niegan el peligro de propagación o a quienes anticipan —por intereses, fanatismos o simple desesperación emocional— el final de este episodio oscuro constituye una imprudencia y una desconsideración hacia todos aquellos profesionales de la medicina que están en este momento prestando atención a pacientes.

Encuestas, sondeos de opinión y hasta quejas de usuarios en redes sociales señalan que hay cansancio, aburrimiento, agobio por el tema del covid-19. Sin embargo, no se puede negar un peligro que sigue allí, ni es que queramos insistir en lo negativo. Ciertamente se informa a diario de esfuerzos en otros ámbitos, de nuevas esperanzas de desarrollo, del acontecer público, incluyendo las reyertas bizantinas del actual Congreso, En Prensa Libre estamos ansiosos por relatar la noticia del éxito masivo de las primeras vacunas, del fuerte despegue de la vida productiva, del retorno masivo del turismo y el repunte de los indicadores estratégicos, pero mientras ello ocurre también hay que respetar esas 2,845 vidas perdidas de hombres, mujeres, jóvenes, niños, abuelos, tíos, padrinos, maestros, compañeros de labores.

Abstraerse puede llegar a ser tan peligroso como descuidarse. Mantenerse informado es también una forma de prevención. ¿Es duro enterarse de que aún hay riesgo en las calles, en los mercados? Sí. ¿Es difícil mantener el aislamiento y los cuidados? Probablemente. Pero quizá no lo sea tanto si se asume como un homenaje a quienes ya perdieron la vida, como una muestra de respeto a sus esfuerzos y agonías, pero sobre todo como el germen de una transformación actitudinal convertida en ejemplo de palabra y acción para los hijos y los nietos, a fin de que sobreviva mucho más allá de esta dura prueba.

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