EDITORIAL
Soluciones desechables agravan los problemas
El 6 de enero del 2020, una semana antes de finalizar su anodino período presidencial, Jimmy Morales y su solícito ministro de Ambiente Alfonso Alonzo, quien carecía de cualquier acreditación, especialización o experiencia ambiental para desempeñar tal cargo, inauguraron un proyecto de biobarda industrial para la retención de desechos plásticos en el río Motagua, acto en el cual presumieron que de 50 plantas de tratamiento se había llegado a contar con 500 instalaciones para la limpieza de aguas servidas, un dato que de haber sido cierto hubiese sido un logro histórico y, obviamente, tangible hoy día. Pero no es así.
El colapso de dicha biobarda industrial fue oficializado ayer por autoridades del Ministerio de Ambiente, que en primera instancia culpan a la empresa contratada. No obstante, el Ministerio Público, que por estos días necesita lavarse la cara con logros tangibles, bien podría emprender una investigación de oficio no solo sobre dicha infraestructura, sino todas las biobardas promocionadas por el exministro Alonzo y en cuya patente de invención llegó a incluirse, pese a que fue un desarrollo previo efectuado por la Autoridad del Manejo Sustentable de la Cuenca del Lago de Amatitlán.
Es necesario recalcar que la instalación de retenedores de basura es, a todas luces, una estrategia paliativa y no una solución permanente, pese a lo cual se llegó a presumir de tales artilugios incluso a nivel internacional. La verdadera solución para atajar el arrastre de basura en cauces fluviales es la correcta y moderna disposición de desechos, la educación poblacional y también la aplicación de sanciones para quienes deliberadamente dejan sus desperdicios en la vía pública.
Es vergonzoso que el río Motagua, junto con otros afluentes del país, nazcan limpios, prístinos en altas montañas del país, pero que a unos cuantos kilómetros de recorrido comiencen a recibir los desagües sin tratar de comunidades cercanas. En el trayecto se van sumando más tuberías de aguas negras, a las cuales se suman las cuencas utilizadas como basurero. Antiguamente, quizá podía creerse que los barrancos eran precipicios infinitos, pero hoy en día es evidente que la orografía conduce todo hacia los cauces de los ríos y de allí, invariablemente, a lagos y océanos.
En tiempos apremiantes como los que vive el planeta, debido al aumento de temperaturas, contaminación del aire, frecuencia mayor de huracanes, creciente vulnerabilidad de las poblaciones y acceso cada vez más difícil a fuentes de agua potable es necesaria una nueva actitud ambiental para proteger los remanentes de bosque y salvar los cuerpos de agua que aún no llegan a ser cloacas. Desde el simple hecho de no tirar basura en la calle hasta la exigencia de protección de manantiales y ríos, la ciudadanía tiene causas de auténtica vida o muerte por las cuales luchar.
Cuando la basura está amontonada en alguna carretera, cuando los torrentes de albañales corren bajo puentes como el Belice o El Incienso, entonces parece que esos desechos no son “de nadie” y nadie se hace responsable. Pero somos nosotros los autores de tales remanentes, producto de nuestra actividad de consumo, higiene y producción. Y si queremos seguir habitando esta Tierra, la casa común como la llama el papa Francisco, debemos actuar para salvarla. Es urgente y necesario, sobre todo si nos ponemos a pensar en los ecosistemas que sostendrán la vida de nuestros hijos y nietos.