EDITORIAL

Tres valores clave contra el covid-19

El mundo busca recuperar el ritmo de sus actividades frente a una realidad desafiante, entre aprehensiones, advertencias, metodologías diversas y duras lecciones sanitarias tomadas no solo sobre el camino, sino también con inmenso dolor, por más de un millón de fallecidos y contando que lleva la pandemia de covid-19. Guatemala no es la excepción a este intento de retomar la ruta productiva y llega el momento de ampliar la reapertura de otros espacios de esparcimiento, comercio, prácticas religiosas y destinos turísticos, a fin de emprender la recuperación de ingresos para miles de empleados, emprendedores y trabajadores informales.

El peligro no ha pasado y por ello son vitales, literalmente, las medidas de precaución, desinfección, distanciamiento y control de aforos, a fin de reducir las posibilidades de propagación. Las empresas desarrollan protocolos de admisión y permanencia segura, tanto por disposición gubernamental como para ofrecer tranquilidad a sus clientes. Sin embargo, además de la autoridad estatal y de los procedimientos privados, es necesaria la noción de libertad asumida con valores coherentes: empatía, equidad y responsabilidad.

La empatía es la actitud de ponerse en el lugar de otro, de pensar en sus necesidades y actuar en la misma forma que se desearía que otros actúen con uno o con un ser querido. En las actuales circunstancias, aun de emergencia, este valor se traduce en evitar riesgos para los demás mediante el respeto a las restricciones preventivas fijadas en todo tipo de negocios, centros comerciales y lugares de confluencia social, sin alterarse ni buscar excepciones que puedan tornarse en factor de exposición al riesgo.

Equidad: si bien se ha eliminado el toque de queda, permanecen algunas prohibiciones y límites a la cantidad de personas en restaurantes, cines, iglesias y otros espacios cerrados. Estas reglas deben aplicar a todos por igual y es necesario asumirlas como un deber ético individual que aplica a todos, sin distingo de cargos, nivel de ingresos económicos o autopercepciones, pues el mismo covid ha impactado a personas de todas las nacionalidades, de todos los niveles sociales y de todos los sectores de poder.

Responsabilidad: Hay que cuidarse y cuidar a los demás. Se trata de una norma elemental de convivencia ciudadana. Llevar mal puesta la mascarilla es tan peligroso, para sí y para los demás, como no utilizarla. Aglomerarse con cualquier justificación pone en riesgo la propia vida, pero también la del cónyuge, hijos y familiares con quienes se conviva. Proseguir o descuidar una acción tan simple pero de comprobada efectividad como el lavado de manos con jabón puede marcar la diferencia entre ser responsable o llanamente irresponsable.

Después de meses bajo toques de queda y estado de Calamidad, es natural la emoción y la expectativa por retomar las rutinas anteriores a marzo último, pero aún falta batallar contra el coronavirus, y por eso no hay que exagerar la confianza. Para el Gobierno, este es el momento más crítico para mantener los controles epidemiológicos, dotar de las pruebas de detección necesarias a hospitales y centros de salud, así como asegurar el ágil procesamiento de las mismas. Las experiencias en otros países marcan la necesidad de mantener la apertura económica para recuperar el sustento de miles de familias, pero también la obligación del sistema de Salud de estar listo para reaccionar con celeridad frente a un temido repunte que ojalá no ocurra.

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