EDITORIAL

Una gran prioridad penosamente relegada

Existen necesidades repetidamente relegadas que no forman parte de las ejecutorias ni de los compromisos adquiridos a viva voz por candidatos presidenciales, debido a que su rédito propagandístico es considerado de poco impacto. Una de tales urgencias a nivel nacional es el remozamiento y construcción de cientos de edificios escolares que se encuentran en condiciones lamentables, ya sea por deterioro, rezago o bien porque se trata de auténticas covachas en donde a diario, desde hace años, niños y jóvenes reciben clases, a pesar de constituir, tal atraso, una barrera para el aprendizaje.

En términos pragmáticos, resulta vergonzoso encontrar desde hace décadas gastos de alimentación y banquetes en el Congreso o en el Ejecutivo se pagan viajes dispendiosos, vehículos blindados y plazas burocráticas innecesarias, mientras que el futuro de la Nación debe desarrollar su actividad escolar en cubos de lámina, aulas con piso de tierra, edificios con el techo roto, sin sanitarios o sin escritorios, lo cual constituye una vergüenza para sucesivas administraciones y un mentís para las declaraciones operáticas de presidenciables en campaña que no solo no se comprometen a acabar con esta indigna situación, sino que lo incluyen dentro de sus declaraciones de intenciones y respuestas publicitariamente correctas de foros y debates.

Prueba de este desdén sistemático por la calidad de la infraestructura educativa es que desde el 2005 no se desarrolla un censo nacional sobre estado de planteles que permita trazar una estrategia de recuperación, ampliación o reconstrucción, la cual puede ser emprendida no solo por el Gobierno, ya que se puede involucrar a la iniciativa privada, fundaciones benéficas, municipalidades, iglesias, cooperación internacional y comunidades de padres de familia, que ya efectúan algunos aportes valiosos, pero que se pueden unificar en una estrategia sostenida de por lo menos un lustro o dos.

Desafortunadamente, los candidatos presidenciales, incluyendo a los actuales, prefieren enfrascarse en las mismas escaramuzas estériles y detracciones polarizantes que desvían la atención de los verdaderos problemas. Tantas veces se ha repetido el error de caer en el banal populismo, que ya resulta de mal gusto el hecho de que los políticos hagan señalamientos mutuos de vínculos con el oficialismo y se saquen trapos entre sí, cuando la ventaja bien podría marcarla quien demuestre una visión futurista de Estado, una perspectiva competitiva de país, una altura intelectual que vaya más allá de las apariencias.

Es irrisorio que el Ejecutivo haya pretendido un súbito gasto sin licitar de Q215 millones en dos aviones de combate, mientras que el Ministerio de Educación requiere de Q170 millones para restaurar tres mil 170 escuelas, con el consiguiente beneficio para miles de niños, y no los tenga. Apenas comenzó con Q10 millones un plan de atención urgente a 220 escuelas que están al borde de la ruina, pero sin previsión de lograr el resto. Es cierto, la transformación del sistema educativo también pasa por una mejora en la calidad de la docencia y por garantizar una nutrición adecuada a los escolares, pero las instalaciones dignas han sido pospuestas repetidamente, como si se tratara de un factor secundario. Bien harían los equipos de los partidos en contienda en darse una vuelta por escuelas de parcelamientos de la Costa Sur, en las montañas del oriente, en las llanuras de las tierras bajas de Petén o en las alturas de Los Cuchumatanes para tener la dosis de realidad que los motive, empodere y fundamente para liderar una gran cruzada nacional de dignificación mueble e inmueble del sistema educativo nacional.

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