Editorial

Urge declarar una nueva emancipación

También es necesario emanciparse de la estulticia populista cuyo circo de tres pistas lleva semanas funcionando sin sanción.

Los reveladores y penosos resultados de Guatemala en las pruebas de capacidades educativas Programme for International Student Assessment (Pisa) exhiben, en primer lugar, la necesidad de subsanar las deficiencias que aquejan a los estudiantes y que los colocan en desventaja ante los de otras nacionalidades, incluyendo países vecinos. Es obligada una fuerte discusión, incómoda, pero civilizada y proactiva, sobre el sistema educativo, público y privado, que el país ha construido durante décadas, así como acerca de la clase de ciudadanos que estamos preparando para enfrentar un mundo que exige comprender, razonar, resolver problemas, experimentar y adaptarse.


La educación guatemalteca necesita emanciparse de modelos educativos desfasados, propugnados sobre todo por líderes sindicales caducos que con iracundia y amaño intentan imponer sus conveniencias; pero también de planteles educativos que son vistos como un negocio y no como un compromiso de aporte a la formación de ciudadanos competentes, reflexivos, éticos, críticos y conscientes.


Pero la debacle evidenciada por Pisa no solo abarca la comprensión conceptual o la habilidad numérica de los estudiantes; en realidad, es un dedo que apunta a a quienes han conducido el país, al menos durante el actual cuarto de siglo. En otras palabras, es como preguntar si los políticos y funcionarios han demostrado mejores capacidades para leer las realidades y trazar las grandes prioridades nacionales. Por desgracia, sucesivas camadas de políticos aparecen más interesados en leer las conveniencias de opacos pactos y los cálculos de generar cíclicas crisis que en trazar una agenda legible de desarrollo integral. Pero entender y asumir este reto se ve emborronado por efecto de las codicias, la impunidad y los caudillismos.


La deficiencia matemática también ofrece una comparación inevitable a nivel nacional: gobernar un Estado implica saber sumar, restar, proyectar y establecer prioridades. Clarificar cuántos recursos hay disponibles, cuánto puede gastarse y cuáles son las necesidades que deben atenderse primero. Sin embargo, en lugar de reducir el dispendio improductivo, de contener el crecimiento de la burocracia y de frenar el endeudamiento público, cada gobierno usa una regla retorcida o una ecuación demencial.


La prueba Pisa también evidencia la necesidad de más ciencia: personas capaces de observar, formular preguntas, analizar evidencia, contrastar hipótesis y reconocer cuándo una conclusión no está sustentada para actuar en consecuencia. Pero es justamente lo opuesto lo que ocurre en el maquiavélico mundo político: desde ególatras que se ufanan de ser ignorantes hasta diputados, magistrados y funcionarios que designan en puestos clave a allegados sin la preparación profesional necesaria para abordar tales compromisos. Alcaldes cuasianalfabetos decidiendo obras de ingeniería, diputados sin grado universitario decidiendo políticas de salud. Usted, que lee hoy esta pieza, puede agregar nuevos ejemplos de estas situaciones absurdas pero muy reales y muy onerosas.


Entonces, así como se debe trazar un nuevo paradigma educativo, en el cual se comprometan hasta cuatro gobiernos seguidos, tomando lecciones exitosas de países que encabezan el ranking de Pisa, también es necesario emanciparse de la estulticia populista cuyo circo de tres pistas lleva semanas funcionando sin sanción. Sí, la tiranía que amenaza con arrebatar el futuro de la Nación es la politiquería sucia que se hace pasar por puritana, esa que se financia con dineros de crimen y corrupción para esclavizar a futuras generaciones.

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