EDITORIALUn recuento muy sospechoso
Estupor y retroceso son las palabras que definen en este momento lo que ocurre en Honduras. A dos días de haber terminado los comicios del domingo, las autoridades electorales no han proporcionado la información suficiente del resultado de la voluntad popular, mientras el candidato opositor Manuel Zelaya ya habla como si no hubiera duda de su triunfo, aunque sólo se ha hecho el recuento de la cuarta parte de los sufragios.
A diferencia de Guatemala, donde no existe una tradición de organizaciones políticas históricas, en Honduras el poder ha sido tradicionalmente disputado entre los partidos Liberal -ahora en la oposición y autoproclamado ganador- y Nacional -del gobernante saliente, Ricardo Maduro, y cuyo candidato presidencial, Porfirio Lobo, se manifiesta en sesión permanente y no acepta los resultados-.
Es necesario señalar que los electores hondureños cumplieron de nuevo su tarea, al llegar sin aspavientos ni problemas a las urnas a depositar su voto. Si ahora existen problemas, se debe pensar que es el resultado de que las autoridades electorales no hayan efectuado su labor con eficiencia, desde el momento que no se prepararon para que los resultados se conocieran en un tiempo mínimo.
La otra posibilidad es que los números finales no hayan sido hechos públicos a consecuencia de una posible derrota del partido oficial, lo cual implicaría una evidente injerencia del gobierno que ahora termina su mandato.
Los observadores internacionales afirmaron el domingo que las elecciones se habían llevado a cabo sin problemas, pero la tardanza del tribunal electoral hondureño demuestra que la tarea de quienes llegan con esa misión a cualquier país, deben hablar de normalidad hasta que ya uno de los candidatos es declarado oficialmente ganador.
Los comicios pueden echarse a perder, como ojalá no sea el caso en esta ocasión, si las autoridades electorales provocan crisis a causa de atrasarse de manera inexplicable en su trabajo.
A diferencia del caso hondureño, las elecciones de Guatemala se han caracterizado por la celeridad del conocimiento de los resultados, lo cual habla bien del Tribunal Supremo Electoral.
Pero en el vecino país la situación se está volviendo muy problemática, al punto que ya hasta las fuerzas armadas han empezado a hablar de que ?garantizarán la gobernabilidad?, frase que sólo se puede interpretar como la posibilidad de que la lentitud del recuento electoral pueda desembocar en una crisis política que confirmaría el retraso.
Los acontecimientos en Honduras deben ser observados de cerca por el resto de países centroamericanos, donde los resultados electorales han sido hechos públicos en tiempos razonables, lo que significa a pocas horas del cierre de las urnas.
No podría haber nada peor que una interferencia gubernativa en el resultado de las elecciones, y por eso los candidatos Zelaya y Lobo tienen en este momento la responsabilidad de llamar a la calma a sus seguidores, para evitar el desborde de pasiones.