Si me permite

El civismo se cultiva mucho antes de entenderlo

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

“¡Cuán querida es de todos los corazones buenos su tierra natal!”. Voltaire

No es extraño ver el entusiasmo y fervor que se manifiesta tanto en los estudiantes como también en los padres cuando los desfiles se acercan con motivo de las fiestas patrias, lo cual no solo es justo, sino adecuado, pero pareciera que en el resto del año como que pierde relevancia o posiblemente no se le da el lugar que se merece.

Todos debemos entender que el civismo es una cuestión de pertenencia, algo propio, por lo cual se le valora, porque es de uno.

Evidentemente se nos inculca mucho antes de que lo podamos comprender, pero con el tiempo, dependiendo del fundamento que se le puso a la enseñanza, uno lo defiende y lo refleja en su modo de vivir.

Lamentablemente olvidamos lo que la historia nos documenta, cuánto costó a nuestros ancestros lograr la independencia de que hoy gozamos, porque si lo entendiéramos no habría pasividad ni sentido de rutina, sino todo lo contrario, existiría un renovado fervor, porque se lo valora y aprecia.

De ese modo es como podemos dejar un legado a los que nos seguirán, a fin de que ellos también, con renovado entusiasmo y el mismo patriotismo, lo vivan y lo deleguen.

Hay ocasiones en que podemos recordarlo con la mayor algarabía y es válido y bien justificado, pero si no se puede tener todo eso en nuestro sentir y en nuestra actitud, debe haber igual sentido de celebración. Es semejante a la celebración de un cumpleaños: cuando el ser querido está con nosotros lo celebramos con el mayor de los entusiasmos, tengamos o no tengamos los recursos para organizar la actividad.

En el ser humano, lo más peligroso es cuando lo que hacemos es una simple rutina, o bien por cumplir, se proyecta de este modo una realidad que poco se aprecia y no se reconoce el verdadero valor de lo que nos pertenece.

Es bueno que deliberadamente de nuestra parte pongamos el mayor de los esfuerzos para darle el brillo y el valor a nuestro civismo, no tanto en los grandes eventos de la debida conmemoración, sino en los detalles que van formando parte de nuestra identidad y el modo en el cual defendemos y protegemos lo nuestro, sabiendo que se nos fue delegado y nosotros también debemos dejarlo con el mismo perfil, y si se puede mejorar, mucho mejor.

Nada cuesta observar cómo otros descuidan su perfil cívico, es mucho mejor vivir de un modo que pueda ser ejemplo para que otros puedan copiarlo y que no simplemente se le esté enmarcando en discursos de retórica.

Todos sabemos que el modo de vida habla mucho más fuerte que los discursos. Porque quienes nos rodean, al verlo lo asimilan. Si algo que tengo es bueno y lo sé valorar, no tardará mucho para que los demás lo asimilen.

Si uno entendiera que por lo que hacemos y por cómo lo hacemos de alguna manera estamos escribiendo la historia de nuestra patria, pues al partir y al transcurrir el tiempo los hechos y las acciones estarán allí. Por lo mismo, seamos cuidadosos, pero también responsables en todo lo que a nuestra patria le corresponde, para que los que nos siguen no nos juzguen de no haber hecho lo correcto.

En las fiestas patrias y en el resto de los días de nuestra vida seamos consecuentes de manera deliberada con nuestro deber y viviremos en paz con nosotros mismos, y también con los que nos rodean, y definitivamente dejaremos un legado de civismo, el cual será valorado incluso cuando nosotros ya no estemos con ellos.

samuel.berberian@gmail.com