EDITORIAL

El gasto público es insostenible

Ni siquiera existen señales de que pueda surgir algún acuerdo en cuanto a la optimización y eficiencia del gasto público y siguen aflorando las malas noticias acerca de la crisis financiera en el Estado. Ayer se conoció en el Congreso que se necesitan al menos mil 100 millones de quetzales para el pago de deuda para los meses de noviembre y diciembre, pero que las arcas están vacías y de no cumplir con esos compromisos se pueden cerrar las puertas al crédito.

Desafortunadamente, tal situación se ha vuelto recurrente y no solo amenaza con prolongarse, sino que podría empeorar, debido a que sigue a la baja el cumplimiento de las metas tributarias. De hecho, nunca se podrá salir de los números rojos si los gastos trazados son mucho más altos que lo que se capta por la vía fiscal, y por ello es que para los políticos se ha vuelto una treta fácil acudir a más endeudamiento, en lugar de revisar procesos y hacer eficiente, transparente y estratégico el uso de los fondos públicos.

Se ha insistido hasta la saciedad en que el gasto público debería ir más en consonancia con lo que capta el fisco, porque la lógica financiera que aplican los gobernantes ha ido encaminada más al cumplimiento de compromisos políticos que a la consecución de grandes metas estratégicas de nación. El país nunca podrá salir adelante si se siguen fijando montos de presupuesto desproporcionados con fines clientelares que para nada concuerdan con los tributos que se captan.

Aunque los expertos todavía no se ponen de acuerdo en los montos que cada gasto anual dedica a la corrupción, por lo menos ya se menciona un rango que podría ir desde los Q18 mil millones hasta los Q30 mil millones, que bien podrían estar destinados a actividades corruptas. Las plazas fantasmas o bien aquellas que perciben salarios exorbitantes, como ocurre con conserjes del Congreso, que ganan más que asesores especializados, es un sinsentido que debe terminar.

Por otra parte, la corruptela detrás de programas, proyectos y obra de infraestructura aún persiste y constituye un serio drenaje de fondos, pues un altísimo porcentaje de esos recursos ya tienen un destino perverso. Un ahorro muy significativo se podría hacer al revisar los gastos que existen en los ministerios de Comunicaciones, Agricultura y Desarrollo, en sueldos de personal del Congreso y también en las contrataciones de asesores, que a menudo ni siquiera llegan a trabajar.

La estela de vergüenza que dejó tras de sí el gobierno que encabezaron Otto Pérez Molina y Roxana Baldetti debería ser el epítome de 30 años de democracia, que en lugar de buscar el mayor beneficio común ha sido un ejercicio inescrupuloso de búsqueda de privilegios para el círculo oficialista de turno. También para los empresarios allegados convertidos en auténticos poderes paralelos que quitan y ponen funcionarios, acomodan leyes y aprovechan información privilegiada para el lucro.

El desafío involucra al sector público, que debe plantearse escenarios realistas y consecuentes con la disponibilidad de recursos, para empezar a frenar el endeudamiento irresponsable.