Escenario de vida

Entre tragedia, historia y amor

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La gran tragedia acaecida por el Volcán de Fuego en Guatemala nos da la pauta de que vivimos en un país que no está exento a la furia de los colosos, sin importar si vivimos cerca o lejos de ellos. Contamos con 37 volcanes oficialmente reconocidos y 288 estructuras de orígen volcánico. Aunque ocho de ellos son los que tienen historia sísmica antigua, solo tres son los que ahora están activos: el Santiaguito, el Pacaya y el de Fuego.

El Dr. Héctor Monzón, especialista en Sismo-Resistentes, manifestó que debemos hacer planes de ordenamiento territorial y que cada municipalidad haga estudios hidrometeorológicos, incluso para preveer posibles tsunamis en el Pacífico.

Las escenas son más que dantescas y recuerda la erupción del monte Vesubio, en Italia, por el año 79 d. C. que destruyó la ciudad de Pompeya, donde cerca de 1,500 personas fueron encontradas envueltas en material piroclástico y sus cuerpos se mantuvieron rígidos por cientos de años.

En una temprana mañana, una columna de humo comenzó a ascender del volcán Vesubio. La población de los alrededores estaba acostumbrada al comportamiento del volcán y se atuvo, al igual que se atuvieron los pobladores en Guatemala.

En Pompeya se inició como una finísima lluvia de cenizas que nadie sentía. Luego cayeron pequeñas piedras pómez. La ciudad quedó envuelta en vapores de azufre y llegó el flujo piroclástico al igual que en Guatemala. Este flujo compuesto de gas y detritos recalentados se deslizó por la tierra a 320 km por hora alcanzando en forma de avalancha a los pobladores. Expuesto a este nivel de calor, el cerebro hierve en fracciones de segundo y bloquea el sistema respiratorio. Esta oleada tenía la temperatura exacta para matarlos al instante, pero no para carbonizarlos y como nuestros fallecidos, también murieron envueltos en piroclástico.

Hace 84 mil años un volcán en Sololá hizo una grandísima erupción y a través de su cámara de magma que colapsó, se formó lo que hoy es el Lago de Atitlán. Ese volcán dejó de existir, pero la explosión fue tan fuerte que arrasó con Huehuetenango y Cobán destruyendo 100 km. a la redonda. Las cenizas llegaron hasta Panamá y la Florida en EE. UU. Quizás fue cien veces más letal que la erupción del Volcán de Fuego, según el biólogo y entomólogo Dr. Jack Schuster y reitera que si el Volcán de Fuego hubiese hecho una erupción igual, Sacatepéquez, Escuintla y Chimaltenango hubieran quedado arrasados, incluyendo la Ciudad de Guatemala hasta llegar a Quetzaltenango. Esto nos demuestra que no hay que tomar a la ligera la furia de los volcanes, y tratarlos con el respeto, tomando las precauciones necesarias, y evacuaciones pertinentes a tiempo cuando las advertencias nos llegan del Insivumeh.

Agradezco a la Fuerza Aérea que me llevó a la zona cero donde conocí a héroes de la Conred, bomberos, sociedad civil, cruz roja, voluntarios y soldados; todos arriesgando sus vidas. No salgo del asombro por la solidaridad que se ha expresado y la ayuda brindada por la sociedad civil, militares, iniciativa privada y cooperación internacional. Más pareciera que la división que teníamos por culpa de la politiquería y corrupción fue invisibilizada por la tragedia que nos unió. Hoy, el volcán nos ha dado una lección y aunque nos han dolido las muertes de tantos guatemaltecos, hemos visto la solidaridad. Hemos presenciado al mundo entero conmovido y apoyándonos en nuestra tragedia. Esto es lo que yo llamo AMOR. Una forma de ayudar es enviando donativos al Banco Industrial, Cta. 093-000153-2 a nombre de Guatemala Levántate. Vean hoy a las 2:30 pm por Guatevisión, Los Secretos Mejor Guardados del Volcán de Fuego.

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