CATALEJO

Estudio profundo sobre la corrupción

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ES BUENO COMENZAR ESTE 2017 con reflexiones a algunos criterios de la señora Amanda Taub, publicadas hace algunos días por el diario The New York Times y de las cuales me enteré en una edición de el sitio informativo República GT, en un trabajo referente a todo el mundo, pero cuyos criterios se pueden aplicar con facilidad en el caso de Guatemala. Mi intención es aplicarlos y resumirlos con el fin de facilitar las explicaciones necesarias y buscadas por la mayoría ciudadana, ansiosa de comprender por qué cada día aparecen más motivos para decepcionarse ante la avalancha de casos de enriquecimiento ilícito de los burócratas y la participación de representantes de casi todos los sectores sociales, por interés o porque no tienen más remedio.

LA ANALISTA CITA al investigador Raymond Fisman, de Boston, quien señala la necesidad de investigar no sólo los casos individuales, sino las causas de la corrupción “cuando se convierte en parte integral de la vida política y económica del país” porque cuando se instala “puede afectar (afecta, digo yo) rápidamente a un sistema entero, alentando o forzando el mal comportamiento de funcionarios que, en otro contexto, seguirían siendo honestos”. Define a corrupción como “el equilibrio del resultado de que la gente actúe de manera racional dentro de un sistema fallido” y “la relación costo-beneficio al pagar un soborno, depende de cuánta gente creo que participa en la corrupción”, lo cual “favorece los tratos deshonestos” y los aumenta, a mi criterio,

SI LA MAYORÍA ES HONESTA, ser corrupto es arriesgado. Si no es así, resulta fácil encontrar cómplices. Se elimina la confianza pública en las instituciones llamadas a rendir cuentas, según el válido criterio de Miriam Golden, de la Universidad de California. Todo ello contribuye a “terminar con la confianza pública y fortalece la percepción de que la corrupción es universal e inevitable.” En el caso de Guatemala, no pagar sobornos es inútil, lamentablemente, y en numerosas ocasiones provoca daños a los legítimos derechos, intereses y propiedades de quienes se niegan a hacerlo. Es corromperse porque no hay opción pues el motivo de llegar a puestos públicos con la única meta del enriquecimiento ilícito a cualquier costo.

ESTE TRABAJO ME PARECE excelente al respecto de la corrupción y su presencia en numerosos países del mundo. Este es un tema de especial interés en Guatemala, porque explica nuestra realidad nacional como la de un país donde esta lacra es parte esencial de la vida política y económica, y por estar instalada, afecta rápidamente a un sistema entero. La autora habla de la necesidad de “islas de honestidad”, integradas por personas e instituciones dispuestas a colaborar con los esfuerzos de fiscales —como el Ministerio Público— para erradicar la corrupción, pero las creo insuficientes, aunque en realidad hacen una diferencia si se extienden como una ola de tsunami, como es el caso de los países latinoamericanos Guatemala, Brasil y Argentina.

EL PRIMER PASO ES ENCARCELAR a los corruptos y prepararse para las arremetidas de quienes resultarán afectados. Es necesario ejemplificar los casos no solo de esta gente sino de sus víctimas, en especial los niños en casos de educación y salud. Ningún país se libra de la corrupción, pero la diferencia en Guatemala ha sido la certeza de la impunidad y la aplicación de la frase “la vergüenza pasa, pero el pisto se queda en casa”. A este tipo de estudios debe agregarse uno realizado al respecto de la motivación principal de las acciones corruptas: un individualismo ad extremis acompañado de una ausencia completa del concepto siquiera de la ética como la principal justificación de las acciones humanas.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.

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