EDITORIAL

Humanidad voraz

En algunas películas de ciencia ficción se ha popularizado la escena de ciudades en ruinas, devastadas por conflagraciones bélicas o por el agotamiento de un planeta incapaz de poder atender una demanda humana insaciable e inconsciente ante el uso de los recursos naturales o por el abuso de materiales hostiles para la vida en esta isla planetaria.

En el mundo actual, esa imagen está cada vez más presente y desde diferentes escenarios se advierte sobre los acuciantes cambios de temperatura en todo el mundo, épocas de sequía cada vez más prolongadas o devastadores huracanes y ciclones que afectan a millones de personas en diferentes latitudes.

De acuerdo con estudios que desde la década de 1970 desarrolla la oenegé Global Footprint Network, el pasado 1 de agosto la humanidad agotó todos los recursos que la naturaleza puede renovar durante 2018. Una fecha que cuando empezó esa medición ubicaba dichos límites en los últimos días de diciembre y desde el año pasado se establecía en agosto.

Esto implica que a partir de este mes la humanidad está en deuda con su entorno y vivirá con recursos prestados durante los próximos cinco meses, porque se habrán usado todos los árboles, el agua, la tierra cultivable, los peces y el resto de recursos naturales que la Tierra puede proporcionarnos durante un año.

En forma paralela al consumo, también se basa en la producción de muchos de los insumos que son parte de la problemática, porque se habrán emitido mayores cantidades de dióxido de carbono del que los bosques pueden absorber. Solo en derroche de comida se anota que algunos países incluso tienen fechas mucho más cortas en las que acabarían con los insumos necesarios para la vida, como ocurre con Luxemburgo o Qatar, donde los recursos apenas les habrían alcanzado para febrero.

Un estudio publicado por la Agencia Nacional Oceánica y Atmosférica y la Sociedad Estadounidense de Meteorología reportó el pasado miércoles que el año pasado se registraron concentraciones cuatro veces más elevadas de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso, comparadas con datos de 1960, los cuales son los principales responsables del efecto invernadero.

Las voces de alarma están dadas y resulta ocioso insistir en la necesaria revisión de la conducta humana, principalmente en lo relativo con el uso de los recursos naturales como el agua, los bosques y el acelerado ritmo de contaminación que claramente tiene al planeta en una ruta de autodestrucción y para ello también debe hacerse un esfuerzo supremo para equilibrar el crecimiento demográfico porque será difícil satisfacer las demandas de una creciente población.

En los últimos días se han observado escenas que empiezan a quedarse cortas con lo que la filmografía futurista describía hace apenas unos años, como los atroces incendios a lo largo y ancho de Europa, helicópteros transportando agua a regiones donde la sequía amenaza la vida de miles de animales o mucho más dramáticas como las que se ven en algunas regiones de Guatemala.

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