EDITORIAL

Incertidumbre y cisnes negros

Así titula el Banco Mundial su más reciente informe sobre el crecimiento económico para Latinoamérica para el presente año y sus previsiones para el siguiente, al referirse a los riesgos con los que debe lidiar la región para reducir la incertidumbre ocasionada por la inestabilidad en las economías más fuertes al sur del continente, pero también por la conflictividad social, la falta de oportunidades y la desgobernanza.

Aunque en Guatemala el comportamiento de la actividad económica está marcado por la vacilación, aún mantiene las previsiones de lo que podría calificarse como un crecimiento económico positivo, al rondar entre el 3 y el 3.1 por ciento, según las autoridades del Banco de Guatemala, aunque la cifra todavía debe ser revisada.

En todo caso el aumento porcentual de Guatemala es insuficiente porque no refleja un equilibrio entre el incremento de la población, cuyas demandas sociales y laborales son aún deficitarias. También deben verse con cierta reserva las cifras oficiales, cuando se les compara con otros reportes de organismos internacionales.

El Banco Mundial presentó este viernes en Panamá sus perspectivas de crecimiento para 2018 y lo que más sobresale es la crisis nicaragüense, la cual marcará un brusco descenso en su economía, que de un 4.9 por ciento del producto interno bruto (PIB) registrado en 2017 podría cerrar el 2018 en 1 por ciento, según el banco central de ese país.

Para Guatemala, al cierre del 2018 el BM prevé un crecimiento de 2.6 por ciento, que no basta para crear condiciones de desarrollo, como ocurre en Honduras, donde se prevé que alcance el 3.6 por ciento; El Salvador, 2.8 por ciento; Costa Rica, un 2.7 por ciento; Belice, 1.5 por ciento y nuevamente a la vanguardia de la región se coloca Panamá, con una previsión de 4.5 por ciento.

Pese a que Centroamérica, en promedio, mantendrá un PIB del 2.8 por ciento, lejos de establecer condiciones para el optimismo empresarial, todavía tiene un punto positivo sobre el crecimiento económico previsto para el resto de Latinoamérica y el Caribe, según las estimaciones del Banco Mundial, lo cual, en nuestro caso, debe ser visto como una advertencia más para enmendar políticas y actitudes que claramente son contrarias a crear estímulos para el mejoramiento en la economía o para atraer inversiones.

El crecimiento económico de Centroamérica para este año es significativamente inferior al alcanzado en el 2017, y a ese estancamiento han contribuido factores políticos de mucha trascendencia como la represión violenta en Nicaragua contra las manifestaciones, la cual ha dejado más de 500 muertos y una enorme incertidumbre, ante las acciones gubernamentales para reprimir y vigilar a la población.

En Honduras todavía no están restablecidas las fisuras ante las denuncias de fraude electoral que llevó al poder al presidente Juan Orlando Hernández y el Gobierno de Guatemala encabeza uno de los más controversiales procesos para frenar la lucha contra la corrupción, todo lo cual solo agrega ingredientes poco deseables para dar mayor certeza entre empresarios e inversionistas, pues el desasosiego podría acarrear daños irreparables para millones de personas.