Contra el viento

José Miguel Argueta jomiarbo@gmail.com

Como viento fuerte se recibe en el ambiente eclesiástico y la comunidad devota las decisiones dentro de la Iglesia de no procesar a los sacerdotes con procesos legales pendientes por haber prescrito el plazo. Quizá el problema siempre se enfoca en la intención de mejorar las cosas pero carece de eficacia. Esto me recuerda la expresión de las Sagradas Escrituras al llamar sepulcros blanqueados a aquellos que pretenden obviar la podredumbre dentro de la Iglesia.

Los vientos de febrero también cuestionan el panorama político electoral, donde los partidos y los diferentes comités cívicos pretenden ubicarse en mejor posición frente a sus oponentes a través de maniobras como las coaliciones, los caudillismos o las formas modernas de socialismo tan marcadas en grupos de presión y de interés.

Esos vientos también traen al país a nuestros paisanos que no fueron beneficiados por los reveses de la política migratoria de   Estados Unidos para garantizar  la estabilidad de sus acciones y sus relaciones con América Latina.

Los aires de cambio en Guatemala siempre son buenos, son favorables si como guatemaltecos estamos preparados para los mismos. Ese viento fuerte y tumultos del 2015 como año electoral puede conducir a muchos a replantearse las acciones concretas que beneficien a todos en general.

Como guatemaltecos entendemos que el narcotráfico, el clientelismo y la corrupción han dañado la estructura fundamental del Estado y se han enquistado en sus instituciones corroyéndolas desde dentro.

Desde fuera y desde dentro han surgido voces para proponer a tal o cual líder que provoque un verdadero cambio en la situación actual de Guatemala. Sin embargo,  el cambio es ese proceso lento y discreto que se produce en las instituciones cuando cada quien hace lo que le corresponde en el momento determinado.

Los grandes caudillos pueden traernos por el voto popular a un Hitler  que ganó las elecciones con más del 99 por ciento de sus electores, un tirano como Manuel Estrada Cabrera o  Jorge Ubico Castañeda.

Guatemala es un país de personas libres que pueden conducir sus destinos por el sendero de la libre empresa y la fortaleza de una comunidad multicultural con una riqueza de manifestaciones. Sin embargo,  debemos evitar el caudillismo a toda costa y el surgimiento de retóricos que con discursos ahoguen esa esperanza del guatemalteco por un futuro mejor.

Espero que estos vientos traigan cambios esperados y podamos vivir en armonía y paz.

jomiarbo@gmail.com