La buena noticia

Juventud y matrimonio

Víctor Palma amons.esc@gmail.com

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A la juventud de su época decía A. Einstein: “Ustedes no son los primeros —hubo antes otros jóvenes— que desearon una vida plena de belleza y libertad”, y cierto, a los jóvenes debe animárseles como Papa Francisco: “A soñar en grande, y dar ejemplo de sus ideales” (Roma, Circo Máximo, 11 de agosto 2018), para evitar que sean como quienes en su momento “incendiaron con ideales” pero terminaron “bombeando agua” sobre los sueños de fraternidad, justicia, solidaridad y mejoramiento del mundo.

El importantísimo Sínodo de la Juventud recién iniciado este octubre advertía, sin embargo, de cierta “característica vulnerabilidad, debilidad de opciones y hasta temor e incapacidad de relaciones estables” entre los jóvenes de hoy. La Iglesia comparte con San Juan Bosco: “No hay jóvenes malos, sino mal orientados”, y los anima por ello a seguir “opciones profundas” como las de los santos actuales que se les proponen hoy: un “cibernauta” que se decidió a hablar de Dios en las redes sociales: Carlo Acutis —muerto a los 15 años en 2006— y Nunzio Sulprizio, capaz de consolar a todos sin atenuar el cáncer que le quitó la vida en 1836, pues la juventud “no debe considerarse como la edad del libertinaje, de las caídas inevitables, de crisis invencibles, de pesimismos desalentadores y de egoísmos exacerbados” (Papa Francisco). Todo lo contrario a la vaciedad que propone —como crítica, claro— el libro de la Sabiduría: “Nuestros días pasan fugaces como una sombra, la muerte no vuelve atrás; una vez señalado por la muerte, nadie vuelve. Vengan, pues, y gocemos de los bienes verdaderos, usemos las criaturas con la pasión de la juventud. Llenémonos de vinos exquisitos y de perfumes, y no dejemos pasar ninguna flor primaveral; coronémonos de rosas antes de que se marchiten. Que ninguno de nosotros falte a nuestras comilonas y dejemos en todas partes señales de nuestra alegría: esta es nuestra suerte, no tenemos otra felicidad” (cf. Sb 2,5-10). La cultura de lo inmediato, casi de lo instantáneo de más y más giga-hertz, la ansiedad de “quemar adrenalina” incluso en cultos religiosos, a la vez que la soledad de ambiguo mundo del Facebook y, por sobre todo, el drama de un 60% de familias “disfuncionales” de origen, acercan fuertemente a la juventud guatemalteca —y mundial— a los abismos de la droga, el erotismo favorecido por los “ídolos de la farándula”, e incluso el suicidio en ambientes rurales, pero parte de la Guate-Digital, de la “infósfera” —universo del formarse no por libros, sino por chateos—  donde —jóvenes y no tan jóvenes— avanzan hacia el  “transhumanismo”, definiendo el valor del cuerpo, de la vida, de las relaciones humanas sin “tabúes” bien nutridos, entre otras, por la perversa “ideología de género”. Según la Buena Noticia de mañana, un medio pedagógico para ayudar a la juventud llevada tristemente a un 80% de trabajo informal, migración por pobreza e inseguridad, embarazos infantiles y un 50% de víctimas de violencia casi adolescentes, está en su formación al matrimonio auténtico, al real y no virtual, el que no admite el “divorcio” —del latín “di-vortium” como “di-vergencia” o separación— y les propone la maduración, no por “experiencias de todo”, sino por la donación completa, estable y siempre heroica de la vida común. Que la Virgen Patrona del Santo Rosario ilumine con su historia de vida, no fácil pero fuerte, a las jóvenes parejas en su camino al matrimonio y familia, vía eficaz para una Guatemala transparente, fraterna y siempre más humana.

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