Ventana

La fuerza de Humberto Ak’abal

Rita María Roesch clarinerormr@hotmail.com

“¡Siento tanto el fallecimiento de Humberto Ak’abal! Desaparece una voz del corazón de Guatemala. “Och b’ih Maestro”. Entra en el camino; vuelve a las estrellas”, cantó el Clarinero. Durante el velorio de este guatemalteco insigne, su hijo, Nakil Yannick Ak’abal Bieri, expresó: “Ustedes conocieron a mi papá como figura pública, yo conocí al hombre. Fue un padre tierno, él venía de una larga línea de papás que le pegaban a sus hijos, pero a mí nunca me pegó”. Alberto Chaclán, Publinews, 01.02.19 pág. 12. Nakil revela una de las virtudes de su padre poeta: la fuerza de la ternura. El Maestro Ak’abal rompe con el mito de la “fortaleza” masculina, la del macho que rinde culto a la violencia y que en Guatemala está presente en todos los ámbitos de nuestra sociedad.

¡Cómo habría deseado que el testimonio de Nakil se hubiera vuelto viral en las redes sociales! Que llegara a todos los rincones de Guatemala, especialmente a los organismos del Estado. ¿Hasta cuándo los funcionarios del gobierno pondrán a la niñez chapina desnutrida y con hambre de amor y ternura como una prioridad nacional? Un botón de muestra: el vergonzoso retraso en el Congreso para aprobar el proyecto Crecer Sano. Si el préstamo que ofrece el Banco Mundial no se aprueba pronto, ¡cuatrocientos mil niños menores de 5 años y un millón de mujeres en edad reproductiva se verán afectados!

La ternura no es virtud de los débiles, sino de los fuertes, dice el papa Francisco. “Una persona con un corazón tierno “siente al otro”. Esa calidad humana fluye en los versos del Maestro Ak’abal. No se impone, no lastima, no manipula, no denigra a nadie, para sentirse importante. Sus palabras son como el agua prístina, dejan ver el fondo de su alma íntimamente unida a la naturaleza, a su pueblo, a su cultura ancestral k’iché. El mundo infantil fue una de sus fuentes de inspiración. Habla de una infancia que por momentos puede ser alegre, como en Toc toc toc: Toc toc toc – ¿Quién son-?/ Somos los ánjolos/ -¿ Y por qué no volan…?/ Porque todavía somos pochones. O este: Cuando entra la noche: Allá en el monte, cuando entra la noche —para no sentir miedo— los muchachitos apachan los ojos/ encienden la lucecita/ que hay detrás de sus párpados y duermen contentos. / Comienzan a mirar dentro del sueño y se ríen/ como si estuvieran despiertos. Puede ser reflexiva y triste como en Recuerdos: Esta tristeza que siento ahora/ se parece a la que sentí cuando fui chiquito: mi papá se emboló/ y nos quedamos durmiendo en la calle. Él estaba conmigo, pero yo me sentía solo…. Y en Lejanía: En este país pequeño todo queda lejos: la comida, las letras, la ropa…

Su íntima relación con la naturaleza es fresca, auténtica, como en El árbol desnudo: Yo corrí a decirle/ a mi mamá/ que el árbol de durazno/ estaba llorando./ Ella se rio./”Sólo se está cambiando de ropa.”/ El duraznero/ botaba sus hojas. Lo percibo también como un chamán milenario. La Tierra es su nagual. Habla con las voces de sus pájaros, jaguares, árboles y montañas. Me encanta cuando narra: “ el aire baila,/ extiende sus alas y da vueltas./ El aire es un pájaro grande,/ vuela alto/ arriba del cielo;/ por eso/ sólo sentimos el soplido de sus alas. O cuando se refiere al maíz, en el poema Nawál Ixím: Ronda en mí/ Telén…Telén…Telén…/ Lo siento caminando en mi sangre./ Talán, Talán, Talán…/ Baila cada vez que canto./ Nawál Ixím/ habla en mi lengua./ De vez en cuando sale a mirar por mis ojos,/ y se pone triste.
¡Sibalaj Maltiox, Maestro Ak’abal!