Con nombre propio

Las paradojas de Navidad

Alejandro Balsells Conde @Alex_balsells

Año con año en esta época deseamos lo mejor, pero sobre todo paz. Algunos por tradición, otros por fe, lo cierto es que de una u otra forma se reconoce y celebra el Milagro, en el país nos dividimos la mayoría en católicos y evangélicos y si bien como evangélicos caben muchas denominaciones y formas de ejercer la fe, todos en principio creemos ser cristianos.

Si la mayoría creemos ser cristianos o habernos formado en la fe ¿por qué no podemos construir la paz? Desde güiro me resistí a pensar que la Navidad es una simple tradición de intercambio de regalos y relajos de tránsito, no quiero pensar que los presentes son parte de una obligación o de un compromiso.

¡Noche de Paz! Dice la canción más escuchada de todas los tiempos, pero ¿Cómo podemos lograr esa paz? El hombre como hombre ha creído en un sistema para construir la paz, este sistema supuestamente descansa en que todos debemos respetar las legítimas reglas sobre las cuales creemos desarrollar nuestra vida social y por eso, es bien difícil para los guatemaltecos construir principios de paz. En nuestro país la mitad de los niños sufren desnutrición, la paternidad irresponsable es peste, la educación mínima y básica es artículo de lujo, pero lo más complejo es que hasta niñas sin padres y con dificultades para acceder a centros educativos formales pierden la vida al estar bajo el cuidado del gran poderoso: el Estado.

La Navidad se convierte en una paradoja, una paradoja donde todos deseamos lo que todos somos responsables de no construir. “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, y asusta ver que la sentencia dicha por el personaje histórico más importante de todos los tiempos cuya nacimiento celebramos es burlada por unos y por otros. A estas alturas del partido la única forma de tener libertad para ejercer nuestra fe es que el Estado no tenga la suya, diferenciar y separar la fe del gobierno es un instituto básico de supervivencia.

Llevar a cabo acciones u omisiones, sobre las cuales se condena a los niños y a los ancianos, para luego clamar a Dios y a su Palabra no tiene significado. No pueden existir bendiciones de labios de quien abusa, roba o bien, por desidia o comodidad hasta mata. El próximo año hay elecciones y la mejor forma de que garantizar, por lo menos la mínima convivencia pacífica, es que no creamos en quien usa a Dios para ganar adeptos en papeleta.

En el Evangelio según San Mateo, Jesús dejó dicho que los fariseos eran como aquellos “sepulcros blanqueados”, así enseñó que eran muy bonitos por fuera, pero por dentro, como cualquier sepulcro, estaban podridos e inhabitables. De teología sé tanto como de astronomía, pero esa descripción debe, por lo menos a nuestro juicio seamos cristianos o no, marcar nuestro andar por este mundo, porque corrupción ha existido siempre.

El robo no es una “diferencia política”, el abuso en la gestión de gobierno “no es un señalamiento infundado de la oposición”, la desidia en los asuntos públicos “no es una denuncia injuriosa”, estas son realidades diarias que provocan que miles de niños y ancianos estén condenados a deambular en calles y plazas en la búsqueda de zapatos para lustrar o trabajos por emprender.

La Navidad no puede ser una paradoja y menos una tradición mecánica para el consumo, estos momentos son para descubrir en la risa de los patojos, en los abrazos y besos sinceros el motivo por el cual se nos encomendó un bellísimo planeta que vamos destrozando de a poquito, pero que con un poco de voluntad y humildad podemos salvar.

Navidad es amor y el amor no es un simple texto de tarjeta.

@Alex_balsells