EDITORIAL
Liderismo cumplió sus amenazas
El periodista Edwin Pitán, reportero de este diario, fue víctima la noche del miércoles de una agresión perpetrada por Mardoqueo Ajquí Zepeda, uno de los varios guardaespaldas del aspirante vicepresidencial liderista Édgar Barquín, luego de que este se presentó a la plaza de la Corte Suprema de Justicia para dirigirse a los escasos simpatizantes de su partido que habían obedecido la orden de realizar una vigilia, y donde dicho personaje se unió a oraciones por la paz del proceso electoral.
El agresor atacó a nuestro compañero Pitán luego de que este se unió al grupo de reporteros que pretendían hacerle preguntas a Barquín. Es natural que haya interés en formular consultas a ese vicepresidenciable, porque su candidatura se encuentra en duda —o cuando menos manchada— a raíz de los señalamientos formulados contra él y dos diputados del mismo partido, por el Ministerio Público y la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala.
El atacante fue rodeado por los demás periodistas, entregado a las autoridades y trasladado a un centro de detención, acusado de agresión física y de daños al equipo fotográfico de la víctima.
El asunto es mucho más preocupante y peligroso de lo que parece a simple vista, porque un par de días antes este periódico había recibido llamadas desde adentro del partido Líder, que informaban del plan de atacar a reporteros de Prensa Libre, Guatevisión y Emisoras Unidas. Debido a ello, queda descartada la acción como resultado de la tarea de proteger al citado candidato.
La agresión a periodistas —directa o por terceros afines— cuando se es candidato a un puesto público solamente significa que, de ser electo, continuarán sin detenerse ese tipo de actitudes. El ejercicio de la libre emisión del pensamiento por cualquier ciudadano es uno de los hechos de la democracia que provoca más temor a los políticos con tendencias totalitarias y antidemocráticas. La tecnología les ha jugado una mala pasada, porque es difícil dejar de enterarse de cualquier acción o conversación ilegal e incorrectamente inmoral que cometan. Este hecho fue no solo atestiguado sino grabado, por lo que resulta imposible negarlo.
El partido Líder, al señalar que no financiaría el acarreo de sus simpatizantes desde los departamentos a la capital, al indicar que no se hacía responsable por lo que pudieran hacer, y al asegurar que llegarían cien mil o 500 mil personas, que finalmente se convirtieron en un número menor al de mil o dos mil, lo que hizo fue que disminuyeran sus seguidores en la capital, donde en varios sectores hubo pánico que derivó en rechazo. Se convirtió así en otra de las acciones del liderismo que han sido contraproducentes y que pueden hacer que no tenga tiempo de reandar el camino perdido antes de las próximas elecciones.
Prensa Libre agradece las muestras de apoyo al trabajo que realizamos para informar a los lectores. Igualmente, se solidariza con Edwin Pitán, de la misma manera como lo han hecho también numerosos periodistas, preocupados, como lo estamos nosotros, de que la cobertura del proceso electoral se convierta en un hecho aún más peligroso de lo que es en circunstancias normales.