La buena noticia

Modelo extractivista se impone

En Guatemala se agudizan situaciones insoportables de hambre, pobreza y miseria, inseguridad ciudadana, emergencia sanitaria, colapso de la red vial, criminalización de líderes sociales, flujos migratorios, sobre todo entre  jóvenes; corruptos y ladrones en política, tan solo por indicar algunos de los problemas que nos duelen. La gravedad de estos, que afectan a ocho de cada 10 guatemaltecos, puede llevarnos a dejar de lado problemas que, por parecer menos urgentes en lo inmediato, pueden tener efectos desastrosos en todos los órdenes de la sociedad e hipotecan  el futuro del país.

Me refiero a la ecología, por el creciente extractivismo desenfrenado que se está implementando, con consecuencias irreversibles en campos tan variados como el calentamiento global, fuentes de agua, destrucción de bosques, agresión a los pueblos, alta conflictividad social y desprecio hacia los pobres que defienden hasta con la vida su territorio y los recursos naturales, mientras los gobernantes entregan el país por unas migajas.

Esta situación afecta a todo el país, pero ya provocó daños irreparables en san Marcos, san Rafael Las Flores, La Puya, y afectará a casi todo el departamento de Jutiapa. Los empleos temporales del que hacen alarde y el aporte al PIB, que no llega al 1%, nunca compensarán el tremendo impacto negativo que generan para el presente y el futuro de los pueblos.

El modelo extractivista que se impone solo beneficia al capital transnacional, alimentando un “capitalismo desenfrenado” que ensancha la brecha entre ricos y pobres, “generando nuevas precariedades y esclavitudes”, al tiempo que va favorece la desigualdad en el mundo, pues “mientras en ciertas partes del planeta se ahogan en la opulencia, en otras no se tiene lo mínimo para sobrevivir” (Francisco).

Para los que impulsan este modelo, por muy seductores que aparezcan en los medios con su publicidad saturada de medias verdades, los pueblos indígenas y campesinos, la tierra y la riqueza del subsuelo no son más que mercancías para potenciar su fiebre posesiva, “mercancías que, cuando se vuelven inútiles, son tiradas a la basura, en la cultura del descarte”. (Francisco).

No se reconoce que este modelo implica un desarrollo insostenible, un empobrecimiento acelerado, una fuerte dependencia a las variaciones del mercado manejado por las transnacionales, y el debilitamiento sin precedentes de los Estados nacionales que quedan a merced de corporaciones canadienses o gringas, insertándose sumisamente en el mercado internacional.

Las actividades extractivistas forman parte de un modelo económico dominante que ha separado a lo humano de la naturaleza, y entiende a esta como un modelo infinito de extracción de materias primas para alentar la sed de acumulación de pocos. Son muchas las voces que se levantan en contra de la destrucción ambiental y la humillación de los pueblos por esta causa. Organizaciones a las que sí les importa la vida de la gente y el medio ambiente han denunciado reiteradamente frecuentes atropellos a sus derechos, pero han recibido como respuesta el silencio y represalias.

Investigaciones serias han alertado a la sociedad y a diferentes organismos sobre estos problemas, con escasa resonancia en los medios a sus planteamientos y reclamos, debido a los poderosos intereses que están en juego; asimismo, pocas coberturas dan a las intimidaciones de las comunidades, a los asesinatos de líderes, a los procesados en los tribunales y condenados injustamente por jueces venales.

Los gobiernos corruptos y ladrones justifican el incremento de la actividad extractivista por la necesidad de mayores ingresos económicos y hasta por un supuesto desarrollo en vistas al futuro, lo cual es totalmente falso.

pvictorr@hotmail.com