la era del fauno

Pero este cuervo vanidoso

Juan Carlos Lemus @juanlemus9

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Juan Carlos Lemus @juanlemus9
Juan Carlos Lemus @juanlemus9

El hombre ha depositado lo más asqueroso de sí en una víbora, un cerdo, una rata, porque para mirarse necesita proyectar su desdicha en otro. Ese “otro” es un animal inocente, ajeno a los atributos sociales encomendados. Lucifer cabalgando sobre una bestia de siete cabezas y babeando larvas es apenas un espejo de la desgracia terrenal, de personas, pues todo lo nocivo atribuido a los animales, reales o imaginarios, es humano. Por eso, decir que una raza de víboras nos gobierna es apenas un acercamiento, un reflejo. Se querría decir la verdad, pero sonaría ruda. La bestialidad es, pues, mero eufemismo.

Hecha la aclaración, un alacrán que quiere verse como pavorreal por el mundo sigue siendo un alacrán. Cursi, ladrón, emperifollado, reparte botellas de alcohol y vinos caros; se unta perfumes y lee o regala libros cursis —excepto por el de GGM—, pues leer, a edad presidencial, Las 48 leyes del poder o la vida de Álvaro Arzú da indicios de una terrible pobreza intelectual. Tales joyas literarias son parte de la lista de compras del presidente de este país, pagadas por sus ciudadanos. Sus gastos personales de un año fueron investigados por el periodista Ángel Sas y nos enteramos de sus masajes relajantes, los miles de quetzales gastados en arreglos florales o sus obsequios de jade. ¿A quién le regaló Jimmy Morales un “suéter sport liso Saúl”? ¿O ese collar y un par de aretes? ¿Un bolso? Tales cosas son impropias de obsequiar en protocolos de jefes de Estado; quizá, cuelgan de nucas más íntimas.

La verdad, no creo que los gobernantes de otros países sean tan imbéciles de burlarse unos de otros por el jet en el que llegan. A menos que sea Trump. Esto dijo el jefe de la SAAS, César Orlando Ramírez, al periodista Sas: “A veces hemos llegado en avión pequeño y nos dicen: ‘¿En esa cosa vienen?’ tenemos que tener la imagen presidencial a un nivel”. Apuleyo nos narra de un asno cuyo lomo habían sembrado de plumas, seguido de un viejo desgonzado: parodiaban a Pegaso y Belerofonte.

Los viajes de Jimmy en clase económica fueron apariencia de sencillez, una variante de la vanidad. Tragaba en el mercado —eso sí, con guardias bien armados— para ser portada en los diarios. Las apariencias no solo engañan, hieden. En mucho, este es un país de apariencias. Como te veo, te trato. El que más tiene o aparenta que tiene, se cree superior. Presume Morales de aquello que carece, empezando por la honradez. Insisto: hijo obediente de Dios, Jimmy Morales no cedió a la primera tentación de Lucifer, la de comer del árbol del conocimiento. Caída su máscara de “sanador de heridas” se compró otra más cara, de casi Q68 mil en aros y lentes Carolina Herrera. Gastos que pudo pagar de su bolsillo. De haberlo hecho así, a nadie le importaría. Pero es el presidente mejor pagado de Latinoamérica, que encima se robó durante meses Q50 mil de sobresueldos, en un país donde muchos duermen en el suelo, hay hambruna, extrema pobreza, discriminación y pupitres de tierra. Nuestro magnate anda por el mundo repartiendo guaro y envuelto en fustanes de terciopelo. A su canciller Sandra Erica Jovel también habría que revisarle los gastos.

Aunque José Mujica sea ya lugar común, por lo valioso de su persona y de su gestión, recordaré parte de las impresiones que describe el periodista Sengo Pérez cuando lo visitó en su casa: un ranchito. En un patio con piso de tierra, está José Mujica con Manuela –su perrita de tres patas– y unas gallinas. Una mujer mayor cuelga la ropa al sol para que se seque. Es Lucía Topolansky, primera dama y senadora.

Pero este cuervo vanidoso…

@juanlemus9