PLUMA INVITADA

El Partido Republicano sigue siendo el partido de los plutócratas

Hace poco, escribí sobre cómo el comercio internacional ha hecho que algunas naciones occidentales, Alemania en particular, no estén dispuestas a enfrentarse a la autocracia. Alemania no solo ha sido débil en su respuesta a Vladimir Putin; este país y otras naciones europeas se han mantenido al margen e incluso han seguido proporcionando ayuda económica a Hungría mientras Viktor Orbán desmantela la democracia.

En respuesta, recibí correos de europeos que decían que la democracia estadounidense también está amenazada y que algunos de nuestros políticos de derecha son tan malos como Orbán. Estoy de acuerdo. Pero ese no era el objetivo de mi argumento. Y aunque estoy bastante dispuesto a creer, por ejemplo, que Ron DeSantis sería el Orbán de Florida si pudiera, los gobernadores estatales no tienen tanto poder represivo como los gobernantes de naciones soberanas.

Aun así, la comparación de los etnonacionalistas europeos y estadounidenses plantea algunas cuestiones interesantes. En particular, dado que el Partido Republicano se ha convertido en un partido antidemocrático absoluto, ¿por qué ha seguido siendo también el partido de los plutócratas y el enemigo de cualquier política que pueda ayudar a sus muchos partidarios de la clase trabajadora?

Para entender el enigma, consideremos las posturas políticas de Marine Le Pen, quien tiene muchas posibilidades de convertirse en la próxima presidenta de Francia. Su partido, la Agrupación Nacional (antes conocido como Frente Nacional), suele describirse como de derecha. Y en cuestiones sociales lo es; en específico, el partido se define en gran medida por su hostilidad hacia los migrantes y la supuesta amenaza que suponen para la identidad nacional de Francia. Sin embargo, en materia de política económica, si acaso, Le Pen está a la izquierda del presidente Emmanuel Macron.

Ahora bien, es importante entender el contexto. La escala de las prestaciones sociales en Francia supera los sueños más ambiciosos de los progresistas estadounidenses: atención médica universal, prestaciones generosas para las familias y mucho más. Macron no está desafiando los fundamentos de ese sistema. Sin embargo, está tratando de recortar algunas prestaciones; sobre todo, al aumentar la edad de jubilación. Le Pen, en cambio, quiere reducir la edad de jubilación de algunos trabajadores.

' Todo indica que el Partido Republicano sigue tan a favor de los ricos y tan en contra de los trabajadores como siempre.

Paul Krugman

No estoy defendiendo a Le Pen. Si gana, las consecuencias para Francia, Europa y el mundo serán aterradoras. Pero hay algo de populismo auténtico (defensa de políticas que realmente podrían ayudar a los trabajadores) en su plataforma.

Compárenlo con las posiciones adoptadas por los principales republicanos de Estados Unidos. No puedo decirles cuál es el programa económico oficial de los republicanos, porque el partido no tiene uno; de hecho, se ha empeñado en no decir lo que hará si recupera el poder.

Sin embargo, sabemos lo que el partido hizo la última vez que estuvo en el poder: otorgó enormes recortes de impuestos a los ricos, mientras casi lograba derogar la Ley de Atención Médica Asequible, lo cual habría ocasionado que decenas de millones de estadounidenses se quedaran sin seguro médico. No hay razón para creer que, si recupera el control, no volverá a aplicar políticas antiobreras y proplutócratas.

A nivel estatal, la debacle de Kansas no parece haber hecho mella en la fe de los republicanos en el poder mágico de los recortes de impuestos a los ricos. Misisipi (el estado más pobre de Estados Unidos, con la menor esperanza de vida y que se enfrenta al colapso de sus hospitales rurales) está recortando los impuestos sobre la renta.

Y, hace poco, el senador de Florida Rick Scott, quien encabeza la campaña republicana al senado, dio a conocer un plan para “Rescatar a Estados Unidos” en el que se pedía un aumento de impuestos a la mitad de los estadounidenses cuyos ingresos son tan bajos que no pagan impuestos sobre la renta (aunque pagan impuestos sobre la nómina, sobre las ventas, etc.). También advirtió, sin que eso sea cierto, que la seguridad social y Medicare están a punto de quebrar, sin ofrecer ninguna sugerencia sobre cómo salvar estos programas.

Los republicanos más veteranos han dicho que no apoyan los planes de Scott, pero no han explicado cuál es su agenda real y han dejado a Scott en su posición clave de la campaña, lo que sugiere que sus opiniones tienen un amplio apoyo dentro del partido.

Así que todo indica que el Partido Republicano sigue estando tan a favor de los ricos y tan en contra de los trabajadores como siempre. A diferencia de los partidos europeos de derecha, no ha hecho ningún gesto hacia el populismo real. ¿Por qué?

La respuesta, supongo, es que el Partido Republicano sirve a los plutócratas, incluso cuando ataca a las “élites”, porque cree que puede hacerlo. Después de todo, ser amable con los plutócratas y los capitalistas compinches puede producir recompensas tangibles, no solo en forma de contribuciones a la campaña, sino también en forma de enriquecimiento personal.

Y el Partido Republicano no cree que vaya a pagar ningún precio por buscar estas recompensas. Cree que sus seguidores se centrarán en las denuncias de la teoría crítica de la raza y se tragarán las teorías de la conspiración (casi la mitad de los republicanos están de acuerdo en que los demócratas más importantes están implicados en el tráfico sexual de niños) mientras ni siquiera son conscientes de lo que el partido está haciendo por los más ricos. Después de que The New York Times reveló el muy cuestionable acuerdo de 2000 millones de dólares de Jared Kushner con los sauditas, Fox News se limitó a ignorar la noticia, mientras insistía sin cesar en Hunter Biden.

Me gustaría poder tener la confianza de decir que este cinismo será contraproducente. Pero no la tengo. En concreto, los demócratas que quieren hacer campaña sobre temas que afectan a todos los ciudadanos asumen que los votantes entenderán quién los apoya en realidad. Y esa suposición no parece nada segura.

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