El problema de India es el problema del mundo

Abhijit Banerjee y Esther Duflo

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Cuando el virus llegó, India se cerró de manera muy brusca y luego se apresuró a reabrir. En marzo de 2020, el país inició un confinamiento apenas con cuatro horas de aviso previo aunque todavía no tenía muchos casos. Millones de personas, muchas de ellas trabajadores migrantes, se quedaron varados sin casa ni comida. En vista del desastre económico, el gobierno reabrió el país antes de que la pandemia se desarrollara por completo.

Lo que está ocurriendo ahora en India es bastante parecido a lo que vivió Estados Unidos en sus olas de coronavirus. Los estados indios en los que las muertes comenzaron a aumentar de nuevo en marzo y abril se limitaron a cerrar los ojos y esperar que todo pasara. Al fin y al cabo, la primera ola del virus en India retrocedió por razones que todavía no están claras.

Para empeorar las cosas, los recursos de los estados en este país son muy limitados —el confinamiento cuesta dinero, en particular si se quiere evitar infligir un enorme dolor a los pobres— y el gobierno central no se ha ofrecido a pagar la factura (en Estados Unidos, el año pasado el gobierno de Trump fue mucho más generoso en comparación).

No es de extrañar que los gobiernos estatales hayan optado por actuar con lentitud hasta que les fue imposible evitar tomar medidas. Mientras tanto, la enfermedad se abrió paso por todo el país y aparecieron nuevas mutaciones. Como el gobierno nacional no estaba dispuesto a hacerse cargo del problema, nadie daba seguimiento al comportamiento de las nuevas variantes. La historia del brote actual se puede resumir con la frase “demasiado poco y demasiado tarde”.

Ahora el gobierno está comenzando a actuar, pero todavía parece renuente a adoptar una estrategia nacional.

No obstante, es evidente que India necesita un nuevo confinamiento coordinado de manera central, tal vez concentrado en las áreas donde ya hay una cantidad bastante grande de infecciones (estas todavía se concentran en menos de una cuarta parte de los distritos del país) y que vaya extendiéndose de manera progresiva según sea necesario.

Una de las razones por las que la respuesta todavía es lenta es el temor a lo que le ocurriría a la economía y en particular a los pobres si regresan los confinamientos. El gobierno central podría acelerarla con la promesa de transferencias de dinero en efectivo para que cualquier persona con algún tipo de documento de identidad emitido por el gobierno pueda subsistir en los lugares en confinamiento. Esto debería venir acompañado de restricciones de movimiento entre distritos. Este es el momento de hacerlo.

Lo mismo es aplicable a la vacunación. La postura del gobierno central es que todos pueden vacunarse (si encuentran una dosis), pero los estados o las personas tendrán que pagar las vacunas. El resultado será que solo los que puedan costearlo se pondrán la vacuna y algunos estados cubrirán los gastos de inoculación de los demás ciudadanos, pero la gente en los demás lugares tendrá que arreglárselas como pueda. Hacer que la vacunación sea gratuita para todas las personas y asignar suficientes recursos administrativos y humanos para convertir esto en realidad calmará el pánico del país y tal vez proteja al resto del mundo.

Las demás naciones también se tardaron en reaccionar al desastre en India. El gobierno de Biden anunció que enviaría vacunas y ayuda de emergencia a India apenas a finales de abril, más de una semana después de que el número diario de casos superó los 300.000. Ahora el problema es tan grande que lo que puede hacerse desde afuera es relativamente poco. Claro que eso no debería desalentar a Estados Unidos ni a Europa para enviar vacunas, oxígeno y dinero a India ni impedirles levantar las prohibiciones a las exportaciones de ingredientes para fabricar vacunas. Una vida salvada es una vida salvada.

No obstante, el mundo necesita ver más allá de India y evitar otro error de sincronización. No podemos permitirnos repetir la experiencia de la primera ola, cuando no nos dimos cuenta de lo rápido que puede viajar un virus. Tampoco debemos dejarnos llevar por una falsa sensación de seguridad por el progreso de las campañas de vacunación en Estados Unidos y Europa.

La variante B.1.617, encontrada por primera vez en India, está comenzando a traspasar las fronteras de la nación. En India, algunas personas vacunadas parecen estar contagiándose. Sería tonto asumir que las “mejores” vacunas disponibles en Occidente seguramente nos salvarán. Los líderes y los científicos necesitan definir lo que debe hacerse para combatir las variantes, lo que puede incluir dosis de refuerzo, nuevas vacunas, cubrebocas y el retraso de las reaperturas.

Sin embargo, lo más importante es anticiparse a la posibilidad de que el virus se extienda por África, donde una campaña de vacunación que apenas había comenzado está ahora en riesgo por la situación de India, que ha dejado de exportar vacunas de las que dependían muchos países.

Esto supondría un desastre en los países donde los suministros de oxígeno y las camas de hospital son en extremo limitados. Estados Unidos y Europa tienen que prepararse para actuar con rapidez cuando sea necesario. Esto significa enviar y fabricar vacunas tan rápido como sea posible y, tal vez aún más urgente, invertir en vigilancia y pruebas a nivel mundial y estar preparados para enviar oxígeno y equipo y para proporcionar apoyo financiero a las personas que están confinadas.

Prepararnos ahora podría darnos la oportunidad de luchar para evitar que se repita la pesadilla de India.

*Abhijit V. Banerjee y Esther Duflo son profesores de economía y directores del Laboratorio de Acción contra la Pobreza Abdul Latif Jameel del Instituto Tecnológico de Massachusetts. Fueron galardonados con el premio Nobel de Ciencias Económicas en el 2019 y son autores de “Buena economía para tiempos difíciles”.

ESCRITO POR:

Abhijit Banerjee y Esther Duflo

Abhijit Banerjee y Esther Duflo

Abhijit V. Banerjee y Esther Duflo son profesores de economía y directores del Laboratorio de Acción contra la Pobreza Abdul Latif Jameel del Instituto Tecnológico de Massachusetts. Fueron galardonados con el premio Nobel de Ciencias Económicas en el 2019 y son autores de “Buena economía para tiempos difíciles”.