Pluma invitada
Guatemala produce más energía, pero no tiene cómo transportarla
Sin capacidad de transporte eléctrico, el crecimiento se detiene.
Cinco mil 560 kilómetros conforman hoy la red de transmisión eléctrica de Guatemala, una cifra que revela el tamaño del desafío. En los próximos 15 años, esta infraestructura deberá duplicarse para acompañar el crecimiento del país; de no atenderse, podría convertirse en el principal freno para la competitividad y el desarrollo sostenible de Guatemala.
Guatemala acaba de marcar un nuevo hito. Recientemente superó su récord histórico de demanda eléctrica, al alcanzar los 2,463 MW. Detrás de esta cifra hay una alerta clara: el país está creciendo, consumiendo más energía y demandando un sistema cada vez más seguro y confiable. Mientras esto sucede, la infraestructura de transmisión en los últimos cinco años creció únicamente 454 km, lo que deja de ser una señal y se convierte en una alerta para el Estado
Estamos viviendo un momento decisivo para el futuro energético del país. Por un lado, avanzan procesos de licitación que han despertado un interés sin precedentes en la generación de energía y, por otro lado, persiste una brecha que amenaza con frenar ese impulso: el desarrollo de la transmisión eléctrica.
Dicho en términos claros, el país avanza a dos velocidades. Mientras la demanda eléctrica crece a un ritmo de 5% anual, impulsada por la expansión económica y el crecimiento poblacional, la red de transmisión apenas se expande alrededor de un 1.5% anual. Esta brecha refleja una presión estructural sobre el sistema. Los avances en generación son, sin duda, una señal positiva y necesaria; sin embargo, su impacto será limitado si no se cuenta con la infraestructura que permita evacuar y transportar esa energía hacia los centros de consumo. En otras palabras, el éxito de las licitaciones en generación corre el riesgo de quedarse en papel si los puntos de conexión no existen o no se desarrollan con la misma velocidad.
Para dimensionarlo, pensemos en el sistema eléctrico como una red logística. La generación es el punto de origen; la distribución, el destino final. Pero entre ambos existe un componente indispensable: la transmisión, que actúa como el sistema de interconexión que hace posible el flujo continuo de energía. Sin esa red articuladora, la energía no se mueve, no se integra y, en consecuencia, no genera valor para el país. La transmisión no es un eslabón más; es el elemento que hace viable todo el sistema eléctrico nacional.
Estamos viviendo un momento decisivo para el futuro energético del país.
La transmisión es, en esencia, la red de “autopistas” por donde viaja la electricidad. Esos cables que vemos en las carreteras, sostenidos por grandes torres, no son solo estructuras metálicas; son infraestructura necesaria para el país. Son las que permiten que la energía llegue a hospitales, escuelas, industrias, aeropuertos y hogares.
Son, en pocas palabras, las torres que conectan oportunidades. Hoy el país necesita con urgencia fortalecer esas autopistas eléctricas. Porque cada vez que encendemos un interruptor, cargamos un celular o conservamos alimentos, estamos conectando con un sistema que debe responder con seguridad, eficiencia y confiabilidad.
Y aquí es donde debemos ser claros: sin transmisión, no hay desarrollo. Sin líneas de alta tensión, la energía no llega. Sin infraestructura, la inversión pierde sentido. Sin capacidad de transporte eléctrico, el crecimiento se detiene. La discusión sobre el futuro energético debe involucrar al país, a sus autoridades, al sector privado, a los tomadores de decisión, pero también a los ciudadanos.
El país necesita decisiones oportunas, coordinación institucional y una visión de largo plazo que entienda que la transmisión no es un complemento; es una prioridad nacional. La generación está lista; solo falta asegurar que la energía pueda llegar a su destino.
Guatemala no necesita frenar su desarrollo. Necesita de voluntad para encenderlo y brillar con su propia luz.