Pluma invitada

Llueve sobre mojado

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Guatemala actualmente presenta un panorama serio y poco alentador: incremento en casos de covid-19, lluvias torrenciales provocando desastres, un agujero (cuya reparación aún no ha sido gestionada adecuadamente), precios altos en los alimentos y en combustibles (pese a subsidios), etc.

Tristemente, problemas existen y existirán siempre en los países, la diferencia radica en la manera de enfrentarlos y manejarlos. A medida que la problemática nacional aumenta, se pierde el interés en los problemas ya existentes, pasando estos a un segundo plano o será ¿de moda?

Este podría ser el caso de nuestro país respecto del covid-19. Los últimos días reflejan un incremento significativo de casos positivos, los fallecimientos existen, pero, según se observa, parte de la población y los encargados de gestionar este problema sanitario no comprenden que no se trata únicamente de “pasar” o “sobrevivir” a la enfermedad, se trata de prevenirla.

¿Por qué? Porque además de muerte, la cual al parecer no preocupa a algunas personas, existen secuelas, en ocasiones severas, y en otros casos estas pueden constituirse en una patología llamada “covid persistente”, que a la larga va mermando la salud y la calidad de vida de quienes la padecen. Además, nadie sabe cómo responderá su organismo ante el SARS CoV-2 y actualmente se desconoce si nuestro sistema de salud es lo suficientemente robusto como para soportar un nuevo repunte, sumado a la escasez de medicamentos que ha existido. Además, los fallecidos, pocos o muchos, no son simples números, son seres humanos con nombre y familia que sufre su ausencia.

Debido a esto se necesita apuntalar esa alerta epidemiológica que han publicitado, con medidas de bioseguridad y prevención, con el fundamento legal que las valide y sean de obligado cumplimiento, ya que ahora son únicamente una “recomendación”; por ende, la población supone que no existe problema, y como este silencioso patógeno es invisible al ojo humano, no hay forma de conocer su existencia hasta que se está contagiado.

Lamentablemente, para cumplir con normas no basta con apelar a la buena voluntad de la ciudadanía; ya que de ser esto verdadero entonces no serían necesarias leyes, reglamentos, etc. que brindan soporte al país. Se requiere, además, de la buena voluntad ciudadana, generar el sustento legal en relación a medidas de prevención del covid-19 que protejan a la población, medidas especiales para personas vulnerables que padecen patologías crónicas preexistentes, para los adultos mayores, las mujeres embarazadas, y que también contemple como medida de prevención retomar el home office donde aplique para la población o al menos para los vulnerables, pues, como dijo en conferencia de prensa el ministro Coma en fecha 21 de enero de 2022, al referirse a la variante ómicron “(…) esta cepa, por sus características, tiene un impacto severo en la población no vacunada y en personas con comorbilidades crónicas, aunque estén vacunados” (fuente: Prensa Libre 21 de enero de 2022), y aunque ahora sea un sublinaje, se trata aún de ómicron. Esto para hacer valer el “derecho a la vida” y el “derecho a la salud” de todos los ciudadanos y ciudadanas, como lo indica nuestra Constitución Política.

Es importante el sustento legal en las medidas de prevención del covid-19 para evitar contagios y más muertes, y si las autoridades responsables y la población no colaboramos para contener este patógeno, podría tornarse más resistente y probablemente continuará mutando, y mientras encuentre un hospedero en donde volver a iniciar su ciclo se mantendrá activo.